Según la leyenda, el hijo de piel pálida del dios de la montaña cruzó los mares en busca de una mujer rica y poderosa. Los aldeanos de la tribu Tanna rezan diariamente ante sus retratos, pidiéndole su bendición sobre los cultivos de bananos y ñame.

La relación de la monarca, ya viuda del príncipe Alberto, con John Brown desató un sinfín de rumores. Para ella, Brown era “la perfección hecha sirviente”, pero el hombre se ganó el recelo y el desprecio de algunos miembros de la familia real y del personal de la Corte. La verdad es muy diferente.