Por qué el cuerpo de Pedro I de Brasil está enterrado a 8.800 km de su corazón

Por qué el cuerpo de Pedro I de Brasil está enterrado a 8.800 km de su corazón

Más de 8.800 kilómetros separan la sepultura del emperador don Pedro I de Brasil y el sitio donde se conserva su corazón.

Y ahora, el gobierno de Jair Bolsonaro busca disminuir la distancia llevando el órgano del monarca desde una iglesia de la ciudad portuguesa de Oporto hasta el país sudamericano en el que gobernó durante 9 años.

La idea del gobierno es que el corazón de don Pedro I de Braganza regrese a Brasil en septiembre para las celebraciones del Bicentenario de la Independencia. Una travesía más que simbólica.

Pedro I es conocido como el monarca que logró independizar a Brasil de Portugal el 7 de septiembre de 1822 y reinó hasta que abdicó al trono en 1831.

Ese año, don Pedro y su esposa, la emperatriz doña Amelia, volvieron a Portugal para reclamar el trono.

Pedro I es conocido como el monarca que logró independizar a Brasil de Portugal el 7 de septiembre de 1822 y reinó hasta que abdicó al trono en 1831.


Sus tres últimos años de vida, como rey Pedro IV, fueron penosos y políticamente turbulentos, aunque logró establecer a su familia en el trono portugués.

Después de su muerte por tuberculosis en Queluz, en septiembre de 1834, su corazón fue separado del resto de su cuerpo. Pero, ¿por qué sucedió esto?

Pedro I dejó en su testamento, poco antes de morir, que quería que su corazón se quedara en la ciudad de Oporto, una ciudad ligada especialmente a su vida, según informó el Jornal Oportunidade en un reportaje de 2019.

Durante los tres años de lucha que el liberal don Pedro libró contra su hermano, el absolutista infante don Miguel, contó con el impresionante compromiso, valentía e incondicional sentido patriótico de los habitantes de esa ciudad.

Pedro I dejó en su testamento, poco antes de morir, que quería que su corazón se quedara en la ciudad de Oporto, una ciudad ligada especialmente a su vida


Don Pedro ofreció su corazón a Oporto porque vivió aquí durante los meses del Sitio de Oporto [entre julio de 1832 y agosto de 1833] y había una complicidad enorme entre él y la población. Fue un gesto único en la historia de Portugal”, explicó el historiador portugués Ribeiro da Silva.

“Al principio la ciudad no se unió en masa, pero luego el rey mostró gran abnegación y gran heroísmo y el pueblo simpatizó inmensamente con él”, relató.

Aunque el ex emperador no había mencionado la Iglesia de Nossa Senhora da Lapa, al norte de Oporto, como depositario de su órgano vital, se decidió mantenerlo allí a petición de su hija, la reina doña María I de Portugal.

Los imperiales huesos, por otro lado, debían ser enviados a Brasil, un deseo que se cumplió recién en 1972, coincidiendo con el 150° aniversario de la Independencia.

Desde entonces, los restos mortales de Pedro I y la emperatriz Amelia se encuentran en la cripta del Monumento a la Independencia en el barrio de Ipiranga, en San Pablo.

Mientras tanto, el corazón se quedó en Portugal, está protegido y guardado en formaldehído dentro de un recipiente de vidrio.

El órgano está muy bien custodiado, y para acceder a él se necesitan cinco llaves: la primera abre una placa de metal; la segunda y tercera mueven una red; la cuarto abre una urna; y la quinta, una caja de madera.

Cada diez años (la última vez fue en 2015), el Ayuntamiento de Oporto reemplaza el líquido, y para garantizar el máximo cuidado con el órgano, seis personas participan en el procedimiento.

Según información del diario portugués Diário de Notícias, la proveedora de la Hermanad de Lapa, Maria Manuela Maia Rebelo, está analizando si se enviará o no el corazón tras el pedido oficial del gobierno brasileño.

La Hermandad quiere que la Facultad de Medicina de la Universidad de Oporto realice una investigación sobre el órgano y asegure que el viaje transatlántico no pondrá en peligro la integridad física de la reliquia.

Según el diario portugués, una década atrás científicos brasileños solicitaron que se enviara el corazón al país para que se pudiera realizar un examen médico para identificar la causa de la muerte de don Pedro I, pero la Hermandad negó la solicitud.

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