El protocolo real alejó varios metros a los duques de Sussex del centro de la escena en San Pablo

El protocolo real alejó varios metros a los duques de Sussex del centro de la escena en San Pablo

El protocolo real separó por varios metros al príncipe Harry y Meghan Markle, duques de Sussex, del centro de su familia más cercana durante la misa del jubileo de la reina Isabel II, celebrada en ausencia de la monarca en Londres.

Harry y Meghan llegaron a la catedral de San Pablo, en su primer viaje al Reino Unido, dos años después del escandaloso ‘megxit’, para unirse a otros 40 miembros de la familia real en el Servicio de Acción de Gracias por los 70 años de reinado.

Los duques ingresaron a la Catedral de San Pablo, a la cual estaban invitadas 400 personalidades, junto al resto de la familia de Isabel II, aunque no ocuparon su lugar tradicional en el protocolo, sino entre los miembros secundarios de la casa real.

Una vez dentro del templo, mientras el príncipe Carlos y el príncipe Guillermo -junto a sus respectivas esposas, Camilla, duquesa de Cornualles, y Kate, duquesa de Cambridge- ocuparon el sitio principal, los Sussex se vieron relegados por las jerarquías.

De esta manera, Harry y Meghan se sentaron en la segunda fila, junto a las princesas Beatriz y Eugenia -hijas del duque de York- y por detrás de la familia del príncipe Eduardo y de los duques de Gloucester -primos de la reina Isabel II-.

Tanto en la entrada como en la salida de la ceremonia, Harry y Meghan fueron parte del numeroso contingente de miembros “junior” de la casa real, entre nietos y sobrinos de la reina Isabel II que no forman parte de la familia real “senior”.

En circunstancias normales, el hijo del príncipe de Gales hubiera ocupado junto a su esposa el tercer lugar en la precedencia protocolar, esta vez ocupado por su tía, la princesa Ana.

El nieto de la monarca, de 37 años, y la exactriz estadounidense, de 40, sacudieron a la monarquía cuando en 2020 decidieron salir de ella y se fueron a vivir a California, desde donde criticaron a la familia real, llegando a acusar de racismo a uno de sus miembros que no nombraron.

Desde entonces han visto a la reina poco y en privado y su hija menor, Lilibet, que el sábado cumple un año, no conocía hasta hoy a su bisabuela.

Los duques viajaron a Londres para las fiestas del jubileo, pero el jueves se mantuvieron alejados de la prensa, por cuya presión afirmaron haber abandonado el Reino Unido.

El duque y la duquesa de Sussex, excluidos del balcón del palacio de Buckingham al ser ahora miembros «no activos» de la realeza, permanecieron invisibles a las retransmisiones del desfile del Trooping the Colour, observándolo desde la antigua oficina del duque de Wellington.

Los tabloides mostraron sin embargo fotos de Meghan, ataviada con un vestido oscuro y gran sombrero blanco, hablando con Harry, cuyo traje oscuro contrastaba con el uniforme militar tradicional que llevaban su padre Carlos y su hermano mayor Guillermo durante el desfile.

El príncipe Harry, sexto en la línea sucesoria, mantiene frías relaciones con el príncipe Guillermo, y Carlos, heredero al trono de 73 años

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