Margarita II, reina por elección popular, cumplió 50 años de un reinado sin mancha


Margarita II de Dinamarca cumplió 50 años de reinado este 14 de enero, aunque aún no alcanzó el récord del reinado más extenso de la historia de su país, que ostenta Christian IV (1588-1648).

De 81 años, la reina Margarita II es la mayor de tres hermanas y tuvo que esperar a un cambio constitucional en 1953 para convertirse en heredera, y diecinueve más para suceder en el trono a su padre.

En su medio siglo de reinado no ha protagonizado ninguna salida de tono reseñable, aunque sus discursos navideños han provocado alguna polémica menor.

A su condición de reina cercana y discreta Margarita II agrega otro punto a su favor: su variada faceta artística, que incluye desde los decorados y el vestuario de ballets, obras de teatro e incluso películas; al diseño de los monogramas de los miembros de la Casa Real o su afición por la pintura.

Y esa vocación artística continúa vigente: hace unos meses se supo que diseñará la escenografía y el vestuario de «Ehrengard», película dirigida por su compatriota Bille August sobre el relato homónimo de Karen Blixen y que estrenará la plataforma Netflix en 2023.

Fumadora empedernida, aunque desde hace unos años ya no lo haga en público, y enemiga de los teléfonos móviles, esta octogenaria ha dejado claro muchas veces que no se le pasa por la cabeza abandonar el trono, que considera «un deber de por vida», siguiendo la tradición escandinava, con el que además dice sentirse «muy a gusto».

Según una encuesta difundida esta semana por el conservador Jyllands-Posten, el 72 % de los daneses está a favor de mantener la monarquía, una institución que en Dinamarca se ha mantenido alejada de grandes escándalos, y cuando se ha producido alguno, no se ha resentido.

El más reciente fue provocado hace casi cinco años por su difunto marido, el príncipe Enrique, quien transformó sus ya conocidas quejas por sentirse menospreciado en su papel de consorte en un alegato contra la reina, a la que acusó de tomarlo «por tonto» y no respetarlo, a la vez que reiteraba su amor por ella.

La Casa Real danesa reveló semanas después que Enrique padecía demencia senil y que se retiraba de la actividad pública: meses más tarde murió tras serle detectado un tumor y se respetó su deseo de no ser enterrado en el panteón real.

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