Europa

Quién es quién en la realeza: Jorge y Victoria Romanov, protagonistas de la primera boda real en Rusia desde la Revolución

En tiempos de los zares, el romance “morganático” del gran duque con una mujer plebeya como Rebecca Bettarini habría sido vetado y ambos hubieran sido condenados al exilio.

A poco más de un siglo del Octubre Rojo y la consecuente furia bolchevique que llevó al asesinato del zar Nicolás II junto con su esposa y sus cinco hijos, se celebró en San Petersburgo la primera boda imperial de un descendiente de los Romanov, el gran duque Jorge Mikhailovich. El heredero del trono ruso, trono que en verdad es puramente simbólico, se casó ante el altar de la catedral de San Isaac con su novia, la italiana Rebeca Virginia Bettarini, en presencia de un nutrido grupo de nobles y personalidades, como suele ser en ocasiones semejantes para las bodas de la realeza, en ejercicio o no.

Jorge nació en Madrid en 1980 y es el único hijo de la gran duquesa María Romanova y el príncipe prusiano Francisco Guillermo de Hohenzollern, quien adoptó el nombre de Mihail cuando se convirtió a la fe ortodoxa. Su madre es considerada por muchas y una parte de los descendientes de la dinastía Romanov como la heredera del gran duque Kirill Vladimirovich, un primo hermano de Nicolás II que huyó de Rusia durante la revolución y se declaró emperador en el exilio. Se erige, por lo tanto, en jefa de la dinastía, un puesto que le es disputado por otros Romanov.

EL GRAN DUQUE JORGE MIKHAILOVICH ROMANOV

Las conexiones del gran duque Jorge con la realeza europea son realmente intensas. A través de su padre puede contar como sus antepasados al último emperador de Alemania, Guillermo II, y a la reina Victoria de Inglaterra, mientras a través de su madre es descendiente del emperador Alejandro II de Rusia y de Catalina II la Grande. Su bisabuelo, el gran duque Kiril Alejandrovich, era primo hermano de Nicolás II, el último zar ruso.

El gran duque Jorge fue bautizado en Madrid, ahijado de los reyes de España, del ex rey de Grecia y del ex rey de Bulgaria, y pasó la mayor parte de su vida en España y Francia, antes de visitar Rusia por primera vez en 1992, con su abuelo el gran duque Vladimir Kirillovich, dos años antes de que este falleciera. Fue viaje que el heredero del trono recordó como “lleno de emociones”.

LA PRINCESA VICTORIA ROMANOVNA CON SU PADRE, EL DIPLOMÁTICO ITALIANO ANTONIO BETTARINI

Los Romanov disfrutaron de una vida de prosperidad aparentemente interminable y gobernaron una sexta parte de la superficie de la Tierra a principios del siglo XX. Nicolás II gobernó desde 1894 hasta que se vio obligado a abdicar después de la Revolución de febrero de 1917, y al año siguiente el exmonarca y su familia fueron encarcelados por los bolcheviques y ejecutados al año siguiente. Fue una época de agitación social, guerra y descontento que finalmente conduciría a la caída de la dinastía Romanov de 300 años.

Después de completar sus estudios, Jorge trabajó en el Parlamento de la Unión Europea y luego en la Agencia Europea de Energía Atómica. Posteriormente ocupó cargos ejecutivos en Norilsk Nickel, antes de fundar Romanoff & Partners, empresa en la que sigo participando en la mejora de las relaciones de las empresas rusas en Europa. Desde 2017 pasa la mayor parte del tiempo en Rusia, donde lidera la Junta Directiva de Foodbank Rus y participa en varios proyectos benéficos.

LA GRAN DUQUESA MARÍA VLADIMIROVNA, CONSIDERADA JEFA DE LA DINASTÍA ROMANOV

Fue durante su período en el Parlamento europeo cuando el gran duque conoció en Bruselas a Rebecca Bettarini, hija del embajador italiano en Bélgica, Roberto Bettarini, con un pasado de escritora y lobbista, y que ahora dirige la Fundación Imperial Rusa. En una entrevista previa a la boda, Jorge Romanov dijo que Rebecca “habla cinco idiomas con fluidez y tiene una mentalidad abierta excepcional” y la definió como “una mujer independiente y moderna”. Se conocieron en Bruselas en 2012, mientras trabajaban en instituciones europeas, y el gran duque le pidió matrimonio en un aeropuerto, casi desierto a raíz de la pandemia.

Actualmente, el gran duque y Rebecca viven juntos en Moscú, donde piensan establecerse definitivamente ahora que se han casado. “Me encanta vivir en Moscú. Esta ciudad vibra con una energía que es peculiar de sus habitantes. Me gusta caminar por el río Moskva helado, descubrir estaciones de metro que parecen palacios o museos. Y los moscovitas son amables y muy hospitalarios. Son muy curiosos tan pronto como hablas su idioma”, dijo Rebecca en una reciente entrevista con la revista francesa Point de Vue.

Paso obligado para que el gran duque Jorge no perdiera su derecho dinástico, Rebecca se convirtió a la fe ortodoxa rusa y adoptó un nuevo nombre, el de Victoria Romanovna Bettarini. “La fe es muy importante para mí. Crecí en una familia con fuertes valores cristianos”, dijo. Durante mis estudios universitarios, mi padre trabajó con Rusia y estuvo asociado con la construcción de la Iglesia Ortodoxa de Santa Catalina en Roma”. Su conversión tuvo lugar en la Catedral de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo, donde están enterrados los restos de todos los zares de Rusia.

Tras su boda, Rebecca pasó a ser conocida como la Princesa Victoria Romanovna, pero la gran duquesa María ha hecho valer su papel de jefa dinástica y estableció que el matrimonio de su hijo no sería considerado dinástico, ya que las reglas vigentes en la familia Romanov, promulgadas por el zar Alejandro I, dicen que “si una persona de la Familia Imperial contrae matrimonio se casa con una persona de un estado desigual al suyo (…) no puede transmitir a la otra persona los derechos que pertenecen a los miembros de la familia imperial”.

A la espera de poder revertir esa situación cuando le toque ser jefe de la dinastía, el gran duque Jorge ahora trabaja en varios proyectos de caridad con Moscú como su residencia oficial. En entrevistas previas a la boda dijo que cree que los miembros de la realeza europea y rusa podrían ayudar a Moscú y Occidente a reparar los lazos que se desgastan y dijo que él y su ahora esposa pueden ser “embajadores de buena voluntad”. “Está comenzando un nuevo capítulo de nuestro libro de vida juntos. Como escritor, espero que el viaje que tenemos por delante esté lleno de amor, suspenso y aventura, como lo fue la primera parte del libro de nuestra vida”, escribió ella.

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