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La realeza europea asistió a la boda real en Rusia, pero Vladimir Putin no felicitó a los novios

“El presidente no planea felicitar a los recién casados”, dijo el vocero del Kremlin. “Este matrimonio no pertenece a nuestra agenda de ninguna manera”.

Rusia celebró el viernes su primera boda real desde que la revolución bolchevique de 1917 derrocó a la monarquía Romanov, con miembros de la realeza y la nobleza llegados desde toda Europa para la fastuosa ceremonia.

El gran duque Jorge Mikhailovich Romanov y la italiana Rebecca Virginia Bettarini, se casaron en la catedral de San Isaac en la antigua capital imperial de San Petersburgo.

Cientos de invitados extranjeros viajaron a la segunda ciudad de Rusia para la ceremonia cristiana ortodoxa, entre ellos el ex rey Simeón II de Bulgaria y su esposa la reina Margarita y el ex rey Fuad II de Egipto.

En la extensa lista de asistentes reales también se encontraban la princesa Lea de Bélgica, los duques de Braganza y su hijo el príncipe de Beira (Portugal), el príncipe Leka y la princesa Elia de Albania y el príncipe Irakli Bagration de Georgia, los príncipes Felipe e Isabelle de liechtenstein, así como el príncipe Rodolfo y la princesa Tilsim de Liechtenstein y los duques de Anjou, de la casa real francesa.

Otros representantes de familias reales europeas que asistieron a la boda fueron el príncipe Emanuel Filiberto de Saboya y su esposa Clotilde, los duques de Aosta, la princesa heredera Miriam de Bulgaria y su hijo mayor Boris, el príncipe Mohammed Ali y la princesa Noal Zaher de Egipto, los príncipes David e Irina Bagration-Mukhransky de Georgia, el príncipe Wenzel de Liechtenstein y la princesa Désiree de Prusia.

La lista de invitados de 1.500 personas también incluía otros nombres prominentes como el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, y Konstantin Malofeyev, un monárquico y multimillonario cercano al Kremlin, además de la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova.

Antes de la boda, Romanov dijo que la pareja decidió casarse en San Petersburgo porque era el primer lugar del país donde la familia regresó a principios de la década de 1990. La pareja se mudó a Rusia hace tres años, instalándose primero en los suburbios de Moscú antes de trasladarse al centro de la ciudad junto al Kremlin.

El gran duque Romanov, de 40 años, ahora trabaja en varios proyectos de caridad y dijo que cree que la realeza europea y rusa podrían ayudar a Moscú y Occidente a reparar los lazos que se desgastan: “Creo que podemos ser embajadores de buena voluntad”, dijo en una entrevista.

Sin embargo, el portavoz del presidente Vladimir Putin el viernes vertió agua fría sobre la idea de que un Romanov se convierta en un actor en la vida política rusa: “El presidente no planea felicitar a los recién casados”, dijo Dmitry Peskov a los periodistas. “Este matrimonio no pertenece a nuestra agenda de ninguna manera”.

Monarquias.com