Europa

El gran duque Jorge y Rebecca Bettarini protagonizarán la primera boda real en Rusia en 113 años

La ceremonia, que promete ser fastuosa, tendrá lugar en la Catedral de St. Isaac, en la antigua capital imperial, San Petersburgo, ciudad que no veía una boda real desde 1908.

Este viernes 1 de octubre el gran duque Jorge Mihailovich de Rusia, descendiente del zar Alejandro II, y la italiana Rebecca Bettarini (ahora conocida como Victoria Romanovna) protagonizarán la primera boda imperial celebrada en Rusia después 113 años. El pasado 24 de septiembre la pareja se casó civilmente en Moscú.

La ceremonia, que promete ser fastuosa, tendrá lugar en la Catedral de St. Isaac, en la antigua capital imperial, San Petersburgo. La pandemia obligó a los novios a aplazar sus planes, que no se retomaron hasta recibir el visto bueno de las autoridades sanitarias, ya que a la boda han sido invitadas 1.500 personas.

En una entrevista para la revista francesa Paris Match, Jorge y Victoria manifestaron su deseo de casarse, como los antepasados del gran duque, en San Petersburgo, “esa fascinante Venecia del Norte, que sigue siendo el símbolo de la grandeza del Imperio Ruso”. En esa ocasión, habían adelantado que su boda sería “tradicional real, tradicional rusa” y con “mucho protocolo”.

El pasado 24 de septiembre, el gran duque Jorge Mihailovich y Rebecca Bettarini se se casaron civilmente en Moscú.

La pareja hizo oficial el compromiso en diciembre de 2020, después de obtener el permiso de la madre de Jorge, María Vladimirovna, considerada por gran parte de los Romanov como la jefa de la Casa Imperial. Sin embargo, esperaron hasta enero para hacer pública la noticia y el gran duque dijo que estaban considerando mantenerlo en privado indefinidamente debido a la pandemia.

En su boda religiosa, Rebecca lucirá un vestido italiano con “guiños” al país donde tendrá lugar la ceremonia, como la tiara Lacis de 438 diamantes de la casa Chaumet, una revisión moderna del tradicional kokoshnik (tocado) ruso. “Que la gente vea no solamente la Rusia de 1800. Anna Karénina y todas esas cosas. Que se vea lo que es hoy Rusia, que es muy diferente de lo que se piensa”, dijo en una entrevista.

María Pavlovna de Rusia y Guillermo de Suecia, protagonistas de la última boda real celebrada en suelo ruso, en 1908.

Jorge Mihailovich Romanov (1981) es el único hijo de la gran duquesa María y su ex esposo, el príncipe Francisco Guillermo de Prusia. Rebecca Bettarini, hija de un diplomático italiano, es conocida con el nombre de Victoria Romanovn Bettarini desde su conversión a la fe ortodoxa rusa a principios de 2021.

El aclamado “zarévich” recordó en una entrevista que será el primer miembro de la familia imperial rusa en casarse en su país de origen desde la Revolución de 1918, que resultó en el asesinato del zar Nicolás II, su esposa y sus hijos, después de más de un año de estar cautivos por la policía secreta bolchevique.

La última boda imperial celebrada en Rusia fue la de la gran duquesa María Pavlovna, prima hermana del duque de Edimburgo, con el príncipe Guillermo de Suecia. Nacida en 1890, María era la hija del gran duque Pablo, un primo del último zar, y de la princesa Alejandra de Grecia, quien falleció muy joven después de dar a luz a su segundo hijo, Dimitri, uno de los asesinos de Rasputin.

La boda ortodoxa de María y Guillermo se celebró el 3 de mayo de 1908 en el palacio de Tsarskoie Seló, San Petersburgo, y a ella asistieron la emperatriz viuda María Feodorovna, además de los zares Nicolás II y Alejandra, y fue la última celebración nupcial de la dinastía Romanov antes de la ejecución de los Romanov y la caída de la monarquía.

Pese a que fue extraordinariamente celebrada, para la gran duquesa María su matrimonio con el príncipe Guillermo resultó en un fracaso total. Su tía y madre adoptiva, la gran duquesa Ella (hermana de la zarina) había organizado el matrimonio, con la aprobación del zar, sin siquiera consultar con la novia.

María solo tenía dieciséis años y se enteró de su boda por un telegrama que su tía dejó sin querer sobre una mesa. Una vez casada, encontró a su marido frío, tímido y negligente. Por el contrario, logró hacerse querer por la familia real sueca, que apreciaba su personalidad.

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