Efemérides

Hace 515 años: la muerte de Felipe el Hermoso volvió loca a Juana de Castilla

El joven rey, de 28 años, murió el 25 de septiembre de 1506. Gabía caído enfermo diez días antes, mientras se hospedaba Felipe I se encontraba en el palacio de Burgos.

Dos meses después de ser coronado rey de Castilla, unas fiebres terminaron con la vida de Felipe de Habsburgo, el marido de Juana la Loca, según la versión oficial (la versión extraoficial indica que el rey tenía tantos enemigos, que alguno pudo haberlo envenenado). El joven rey, de 28 años, había caído enfermo diez días antes, mientras se hospedaba Felipe I en el palacio Casa del Cordón de Burgos, cuando comenzó a sentirse mal después de jugar un partido de pelota y beber un vaso de agua helada. La temperatura no hizo más que aumentar al punto que uno de los médicos cortesanos declaró: “Estábase con la calentura y con sentimiento en el costado, y escupía sangre. Y se le hinchó la campanilla, que decimos úvula, tanto que apenas podía hablar”.

El historiador español César Cervera es uno de los investigaciones modernos que creen que la causa más posible fuera la Peste Negra, que se originó en Asia, llegó a Europa en 1347 y se convirtió en uno de los brotes más mortales en la historia de la humanidad. En España, entre los años 1598 y 1602 la peste había causado alrededor de 500.000 muertes. El autor escribe que, en algunos meses antes de la muerte de Felipe, la enfermedad estaba haciendo estragos en Andalucía y había aparecido en Burgos: “Y fue tanta, que en los más de los pueblos…, murieron medio a medio, y en algunas partes murieron más que quedaron, y en partes hubo que murieron más de dos veces que quedaron”, dicen las crónicas de Andrés Bernáldez.

Loca de amor por Felipe, la reina Juana acentuó aún más su locura depresiva tras la muerte de aquel hombre a quien había amado con obsesión. Enceguecida por el dolor, decidió trasladar el cuerpo de su esposo desde Burgos, el lugar donde había muerto y en el que ya había recibido sepultura, hasta Granada, tal como Felipe lo había dispuesto en su lecho de muerte. La procesión fúnebre fue muy extensa pero solo se viajaba de noche, por orden de la viuda. Juana no se separó ni un momento del féretro, ya que creía que alguna antigua amante del bello rey podría intentar robárselo. De hecho, llevaba colgada del cuello la llave del ataúd y cada tanto lo abría para contemplar el cadáver, que por cierto estaba mal embalsamado y empezó a oler mal.

El derrotero del rey muerto se prolongó durante ocho largos meses por tierras castellanas, procesión que sirvió para que las murmuraciones sobre la locura de la reina aumentaran entre los habitantes de los pueblos que atravesaban. Después de unos meses, los cortesanos y nobles “obligados” por su posición a seguir a la reina, se quejaron de estar perdiendo el tiempo en esa terrorífica escena en lugar de ocuparse de cosas importantes. Al negarse a tratar los asuntos urgentes, independientemente de que fuera por falta de interés o por enfermedad, Juana de Castilla había demostrado una vez más su incapacidad para el gobierno. Guardaba luto y se negó a sepultar a su marido durante meses. Su padre Fernando el Católico se hizo con las riendas del gobierno de Castilla, además del de Aragón, y una de sus decisiones fue enclaustrar a Juana en el castillo-palacio de Tordesillas desde 1509 hasta su muerte, aunque siguió siendo la reina.

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