Efemérides

Hace 423 años Felipe II de España murió en El Escorial

El "Rey Prudente" quiso morir en el monasterio y viajó postrado en una silla de manos especialmente diseñada para él, ya que la enfermedad de la gota, que le había atormentado durante varios años, no le permitía caminar. Falleció el 13 de septiembre de 1598.

La salud del rey Felipe II de España fue delicada durante la mayor parte de su vida, pero se fue deteriorando a medida que fue avanzando de edad. En mayo de 1595 sufrió un ataque de fiebre que le duró treinta días seguidos y los médicos le dieron poco tiempo de vida. De esta forma, el 30 de junio de 1598 partió de Madrid con su séquito con destino al monasterio de El Escorial, construido entre 1563 y 1584. “A los setenta y un años, aspira a preparar piadosamente su entrada a la Eternidad, como lo hizo su padre”, relata el historiador Ivan Cloulas. “Quiere que sea entre oraciones y acciones de gracias elevadas a ese Dios cuyos designios trató de cumplir a lo largo de toda su vida”. El monarca viajó postrado en una silla de manos especialmente diseñada para él, ya que la enfermedad de la gota, que le había atormentado durante varios años, no le permitía caminar.

En El Escorial, el rey había creado la Real Botica, instalada en el antiguo Alcázar de los Austrias, que disponía de repertorios de plantas, pharmacopeos, tratados de física y química, y tratados médicos, aparatos utilizados en operaciones químicas, físicas y biológicas, como alambiques, prensas, microscopios, sistemas de peso y medida, pildoreros, inhaladores, o de instrumental quirúrgico entre los que se encuentran conjuntos de trepanación, amputación, rinología, resección, ginecología, o urología.

En el verano de 1598, y según fray José de Sigüenza, su consejero, Felipe II se sintió “asado y consumido del fuego maligno que le tenía ya en los huesos”. Sufrió unos dolores tan intensos que no se le podía mover, lavar o cambiar de ropa. La madrugada del 13 de septiembre falleció, a los 71 años de edad, en su alcoba de El Escorial, convirtiendo a su hijo en testigo de su muerte. “Hijo mío, he querido que os halléis presente en esta hora para que veáis en qué paran las monarquías de este mundo”, le dijo. “El chambelán pone en la mano izquierda del rey el cirio encendido y en la otra el crucifijo que da besar al agonizante”, relata el historiador. “Son las cinco de la mañana. Los ojos de Felipe se vuelven hacia atrás, mientras desde la vecina basílica se eleva, apagado, el canto de los niños en la misma de alba”.

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