Catalina Parr, la reina que escapó a la ira de Enrique VIII, murió hace 472 años

Catalina Parr, la reina que escapó a la ira de Enrique VIII, murió hace 472 años

De sus seis esposas, Enrique VIII de Inglaterra se divorció de una, ejecutó a la segunda, lloró por la tercera, repudió a la cuarta, ejecutó a la quinta y dejó viuda a la sexta… Y todas tuvieron historias de novela. Tras repudiar a la primera de sus seis reinas, la sufriente española Catalina de Aragón, el monarca más poderoso de su tiempo comenzó un verdadero y trágico derrotero que lo llevó a casarse con otras cinco mujeres, en su obsesión por perpetuidad a su dinastía. La segunda, Ana Bolena, perdió la cabeza en la Torre de Londres a causa de su adulterio.

La tercera, Jane Seymour, murió pocos días después de dar a luz a un niño, el futuro Eduardo VI. Dejó a Enrique tan desconsolado que fue la única de sus seis consortes que recibió honras fúnebres dignas de una reina por ser, justamente, la única que le dio al rey su único hijo varón. La cuarta esposa, Ana de Cléves, la más fea de las seis reinas, fue repudiada… por fea. A la quinta, Catalina Howard, le fue mucho peor que a las anteriores, ya que después de su divorcio, el rey ordenó ejecutarla.

Solamente la sexta esposa, Catalina Parr (1512-1548), logró sobrevivir al rey mujeriego. Y fue quizás la más valiente de todas pues su esposo tenía un historial romántico bastante peligroso: dos esposas ejecutadas y tres repudiadas. Cuando se casaron, el 12 de junio de 1543, el rey ya un hombre viejo y con muchos achaques, por lo que el papel de Catalina fue más el de una enfermera que el de una esposa.

Mujer inteligente, ante nada tuvo el cuidado de informar al rey sobre su pasado: era dos veces viuda. Hija de un simple caballero, Parr era mujer con experiencia, y ejerció un importante papel en la corte como regente y como mediadora entre el viejo rey y sus hijas, las princesas María e Isabel, a las que consiguió volver a legitimar y colocar en la línea sucesoria al trono.

Todos tuvieron la esperanza de que cuidaría y soportaría los ataques de ira del viejo y enfermo rey. A diferencia de Catalina Howard, la nueva reina no era una adolescente ávida de diversión, sino una mujer inteligente e instruida que mostraba un activo interés por la teología. Su matrimonio duró casi tres años, ya que Enrique VIII murió el 28 de enero de 1547. En uno de los múltiples libros religiosos que escribió Catalina quien ya viuda volvió a casarse, muy pronto, con un acaudalado noble: “Las mujeres casadas deberían aprender a obedecer a sus maridos y a mantenerse en silencio en público y a aprender de sus maridos en privado”.

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