Zahir Shah, último rey de Afganistán, fue un campeón en la defensa de los derechos de las mujeres


Creo firmemente que se deben hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar los derechos de las mujeres. Su participación activa es parte vital de la reconstrucción de nuestro país”, dijo Mohammed Zahir Shah. Poco después, declaró: “Necesitamos encontrar oportunidades de trabajo que permitan a hombres y mujeres acceder a los recursos. Toda una generación se ha visto privada de sus derechos básicos en la educación y la atención de la salud”. Era el 2002 y así hablaba el último monarca del Reino de Afganistán, abolido en 1973 con un golpe de Estado, al dar su apoyo al gobierno de Hamid Karzai, que reemplazaría al régimen talibán. El esa ocasión, el ex rey Zahir Shah aprovechó para reivindicar la Constitución de 1964 introducida bajo su reinado: “En el país, las mujeres gozan de plenos derechos, la mayoría de los cuales fueron eliminados bajo el severo gobierno de los talibanes”.

Casi veinte años después, el miedo y la desesperanza se han adueñado de Afganistán, y muy especialmente de las niñas y las mujeres. La última vez que gobernaron, de 1996 a 2001, impusieron una drástica interpretación de la ley islámica (sharia), bajo la cual prohibieron el acceso de las mujeres a la educación y los espacios públicos, ejecutaron a sus adversarios políticos y masacraron a minorías religiosas y étnicas. Durante ese primer gobierno talibán en Afganistán, la gran mayoría de las mujeres y niñas fueron privadas de educación y empleo. El burka era obligatorio en la calle y las mujeres no podían desplazarse sin un acompañante, generalmente un hombre de su familia.

Durante el reinado de Zahir Shah, todo era “muy diferente”, escribió el periodista Emran Feroz en Foreign Policy. “Las mujeres, que vestían faldas occidentales, bufandas o burkas según su inclinación personal, caminaban juntas. Lo mismo ocurre con los estudiantes, tanto niños como niñas, que imitaron el estilo de los íconos del cine americano o indio o de las estrellas del pop. No había señales de miedo, aprensión o ansiedad. No hubo amenaza de explosiones, camiones bomba, atentados suicidas o riesgo de ser asaltado con un arma. Al mismo tiempo, los líderes del país, en particular el propio rey, caminaban libremente entre sus súbditos, a menudo solos y sin una escolta de seguridad, algo inimaginable hoy en día, cuando incluso los dignatarios menores y sus hijos no pueden aventurarse sin sus convoys de recogida y Kalashnikovs”.

Mohammed Zahir Shah, hijo del rey Nadir Shah, ascendió inesperadamente al trono a la edad de 19 años, pocas horas después del asesinato de su padre y documentos diplomáticos lo han descrito como un rey “cauteloso, inteligente y sigiloso”. Se formó en Francia y se preparó para el reino, aunque no existía una ley de derecho de nacimiento que rija la sucesión. Cuando era un joven monarca, había adoptado el título de Mutawakkil Ala’llah, Pairaw-I Din-I Matin-I slam y durante casi tres cuartas partes de su reinado no ejerció ningún poder, abrumado por dos tíos paternos que sirvieron como regentes. El joven rey desarrolló una reputación de ser un rey playboy, feliz de dejar la administración del país a sus parientes ancianos. El entonces embajador británico dijo del rey “es tranquilo y sin pretensiones, con modales agradables, aunque resignado a una vida de ocio y placer. El alejamiento de la rutina de un monarca constitucional puede haberlo hecho incapaz de asumir un papel destacado y útil en la administración de su país”.

La Constitución promulgada en 1964 garantizaba la libertad de pensamiento, expresión y reunión, al tiempo que limitaba los poderes de la familia real. Por primera vez en la historia de Afganistán, las elecciones seleccionarían a los miembros del parlamento y, por lo tanto, la esfera política del país comenzó a cambiar significativamente, mientras también preveía la formación de partidos políticos. Gracias a la ayuda exterior, el rey llevó a cabo una serie de proyectos para ayudar a desarrollar la infraestructura del país, pero la mayoría, que se centraron en el riego y la construcción de carreteras, se limitaron a la zona de Kabul y sus alrededores. Bajo su reinado, se establecieron escuelas para niñas y se otorgó a las mujeres el derecho al voto. Sus reformas iban en sintonía con las de su predecesor de la década de 1920, el rey Amanullah, quien prohibieron los estrictos códigos de vestimenta tradicionales para las mujeres y desalentó la poligamia, mientras que su esposa, la reina Soraya, dio ejemplo al rasgarse el velo en público.

Los historiadores reconocen que uno de los capítulos más significativos del reinado de Zahir Shah fue la emancipación de las mujeres, durante siglos despojadas de derechos, marginadas de la vida pública y confinadas en sus hogares. En 1959 se les concedió el derecho de voto, se les exoneró de llevar el burka o velo islámico y pudieron asistir a escuelas y universidades mixtas. Ese mismo año causó sensación (y escándalo entre los mullah o clérigos islámicos) la comparecencia sin velo de las esposas de los dignatarios del gobierno en los actos del 40ª aniversario de la independencia nacional. Además, cada vez más mujeres integraron las asambleas nacionales, y en 1966 por primera vez en la historia afgana una mujer fue nombrada para dirigir un ministerio, todo lo cual fue considerado entonces revolucionario para un país que sólo seis años atrás pasaba por ser uno de los más antifeministas del mundo.

Después de ser derrocado en 1973, mientras se encontraba bajo tratamiento médico en Roma, Mohammed Zahir Shah vivió en una modesta villa en Olgiata (Roma) desde donde siguió y se involucró en los acontecimientos de su Afganistán. Y aunque envejeció en el exilio, jamás no fue olvidado y siguió siendo el símbolo de aquellos afganos que soñaban con la restauración de la monarquía. A los que rogaban por su regreso a su tierra natal, les respondió: “No me importa el título de rey. La gente me llama Baba (padre de la nación) y prefiero este título”. En el exilio era feliz feliz de pasar el tiempo jugando al golf y al ajedrez, frecuentando los bares y librerías de Roma, y cuidando de su jardín.

Con el rey fallecido en 2007 y a medida que los talibanes anti-monarquía refuerzan su control sobre el país, muchas mujeres temen que se les quiten los derechos que gozaron bajo reyes anteriores, que se afianzaron en los últimos 20 años. Hoy mismo, el régimen declaró que si bien las mujeres podrán asistir a la universidad, tendrán que estudiar en habitaciones separadas de las de los hombres. Esta vez, aunque prometieron una gestión más blanda que reconozca los derechos de las mujeres y aunque en algunas partes de Afganistán se sintió alivio con el fin de la violencia, muchos en el país dicen que lo importante son las acciones, no las palabras. Mientras todo esto ocurre, los especialistas consideran que las mujeres afganas gozaron de más libertados en el reinado de Zahir que en cualquier otro período de la historia del país.

Darío Silva D’Andrea / Monarquias.com