La historia de Huis Ten Bosch, la «casa del bosque» de los reyes de Holanda


Desde enero de 2019, el rey Guillermo Alejandro, la reina Máxima de Holanda y sus tres hijas, las princesas Amalia, Alexia y Ariane utilizan el Palacio Huis Ten Bosch, como su residencia oficial.

Ubicado en el Bosque de La Haya, fue desde 1982 la residencia de la reina Beatriz, quien tras su abdicación en 2013 se mudó al pequeño castillo de Drakenstein. Después de la partida de Beatriz en 2014, el palacio no estuvo en uso durante varios años debido a las obras de renovación y restauración, que costaron en total 63,1 millones de euros, 30 millones más de lo planeado.

El palacio es un monumento nacional y está completamente protegido después de la renovación. Por ejemplo, hay catorce postes negros en frente de la entrada, hay puertas de vidrio de seguridad que pueden cerrar completamente la entrada y hay cámaras por todas partes alrededor del palacio, informó el diario holandés Algemeen Dagblad.

En los terrenos, la policía, los bomberos y otros servicios de emergencia realizaron un importante ejercicio a principios de diciembre para actuar en situaciones de peligro que puedan ocurrir mientras la familia real esté allí. Según el diario holandés Volkskraant, entre las instalaciones disponibles para la familia en Huis ten Bosch se encuetran un spa, un gimnasio, servicio de peluquería, una pista de tenis y una piscina.

La parte central de Huis Ten Bosch data del año 1645 y fue construida por encargo de la condesa Amalia van Solms, la esposa del príncipe gobernador Federico Enrique de Orange-Nassau. “La República, entonces todavía en guerra con España, estaba rodeada de reinos y principados”, explica el periodista Sander van Waldum. “Con el palacio a las afueras de La Haya, y en particular con el glorioso Oranjezaal, el titular de la ciudad quería demostrar que no le importaban las cabezas coronadas”.

La construcción del palacio comenzó en 1645, de la mano de Amalia van Solms.

El palacio real se había concebido como residencia de verano para esta pareja principesca, con el diseño de Pieter Post, pero su dueño no pudo disfrutar de su proyecto, ya que murió en 1647. Tras la muerte del príncipe, la viuda encargó a famosos pintores de la época que embellecieran el Salón Orange central para que sirviera de mausoleo en memoria de su marido. En 1733 el palacio pasó a manos del príncipe Guillermo IV de Orange, quien después de su matrimonio decidió añadir al edificio dos alas laterales, según el diseño de Daniel Marot.

En las siguientes décadas, el palacio fue embellecido y ampliado varias veces. En 1795, después de la revolución de Batavia, cayó en manos del estado y durante mucho tiempo el nuevo propietario no supo exactamente qué hacer con este residuo del reinado del rey. De esta forma, Huis Ten Bosch sirvió como prisión y, más tarde, como galería nacional e incluso como un burdel. En la época del dominio francés, el palacio sirvió de residencia oficial del funcionario jubilado Rutger Juan Schimmelpenninck y del rey Luis Napoleón y la reina Hortensia.

El Salón Orange, el más esplendoroso rincón de Huis Ten Bosch.

Al regresar los Orange en 1813, Huis Ten Bosch continuó siendo propiedad del Estado pero fue puesto a disposición del rey desde 1815. En el siglo XIX, Huis Ten Bosch fue principalmente residencia de verano de Sofía de Württenberg, esposa del rey Guillermo III y excepto por ella, los siguientes monarcas ignoraron el palacio: Guillermo III se fue a vivir al palacio de Het Loo después de su separación y la reina Guillermina también se estableció allí. La reina Juliana vivió en el palacio de Soestdijk.

La reina Beatriz vivió con su familia en Huis Ten Bosch desde 1981.

En 1899, se celebró en este palacio la primera conferencia mundial de la paz, por iniciativa del zar Nicolás II de Rusia. Durante la primera mitad del siglo XX, el palacio fue habitado varias veces durante poco tiempo por la familia real. En 1943, los nazis lo quisieron demoler para construir una zanja antitanques para defenderse de los ataques de los aliados, pero finalmente desistieron del intento. Solo fueron destruidas dos casas de servicio. Después de la liberación de Holanda, el palacio quedó absolutamente inhabitable, aunque por decisión de la reina Juliana sus jardines y algunos salones fueron restaurados con el objetivo de utilizarlos para recepciones oficiales.

LAS OBRAS DE RENOVACIÓN DEL PALACIO COSTARON 63,1 MILLONES DE EUROS.

La entonces princesa Beatriz y su marido alemán, Claus van Amsberg, vivieron con sus tres hijos -los príncipes Guillermo Alejandro, Johan Friso y Constantino- hasta 1981 en el castillo Drakensteyn en Laage Vuursche. Pero después de ser investida como reina, Beatriz se trasladó con su familia a la “Casa del bosque” que el gobierno había restaurado por completo para ellos. Desde entonces, es la residencia oficial de los reyes de Holanda.

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