Historias

El drama de Sofía de Inglaterra, la princesa que “nunca vivió en el mundo”

Alejada del mundo por voluntad de su padre, presuntamente abusada sexualmente por un hermano y separada del hombre que amaba, Sofía terminó sus días en la más absoluta soledad.

En su afán por mantener a sus hijas alejadas del pecado, el rey Jorge III de Inglaterra hizo todo lo que estuvo a su alcance para que las princesas nunca tuvieran novios ni se casaran. La princesa Carlota fue, a los 30 años, la primera que llegó al altar, pero lamentablemente era la más fea de las seis hijas de Jorge III, lo que había complicado mucho tiempo la búsqueda de un esposo. Su hermana, Augusta, la definió como “muy grande y voluminosa” quien “al no llevar ni un poquito de corset, su estómago y su busto son algo extraordinario”. Finalmente, tras un intento de matrimonio con el duque de Oldenburg y el príncipe heredero de Dinamarca, se encontró como mejor candidato al monstruoso Federico II de Württemberg, una década mayor que Carlota, separado tras un divorcio por infidelidad, de más de dos metros de estatura y 220 kilos de peso.

La princesa Augusta fue, según un testigo de su infancia, “la niña más hermosa que he visto”, pero su padre no quiso que el mundo disfrutara de su belleza. Cuando el príncipe heredero danés se fijó en Augusta y solicitó casarse con la joven, Jorge III lo rechazó violentamente. Otro de sus pretendientes, un príncipe sueco, quien recibió una poco amable negativa real y nunca le explicaron por qué. “No puedo negar que nunca he deseado ver a ninguna de ellas casarse: soy feliz en su compañía y no quiero en absoluto una separación”, reflexionó el rey.

Pero la princesa del destino más triste fue Sofía, de quien se dice que fue violada por su hermano Ernesto Augusto en reiteradas ocasiones, un hecho que habría sido silenciado al máximo por la corte. Debido a que el príncipe era uno de los hombres más detestados de la familia real, muchos argumentan que esto podría haber sido una falsa campaña contra él. Sin embargo, algunos cortesanos estaban seguros que Ernesto estaba “obsesionado” con su hermana pequeña, quien era muy hermosa, y todos sabían que era muy capaz de hacer algo tan vil; en efecto, había sido sospechoso de violación de otras mujeres mientras servía en el ejército. También todavía se afirma con fuerza que la princesa Sofía mantuvo una relación con el mayor general Thomas Garth, un “horrible viejo demonio” que servía a Jorge III.

Aunque era 33 años mayor que Sofía, ella creía haberse enamorado de él y una dama de honor que presenció sus interacciones escribió que “la princesa estaba tan enamorada de él que todos lo veían. Ella no podía contenerse en su presencia”. Fruto de esta pasión habría nacido en 1800 un bebé dado en adopción a una pareja de sastres en Weymout. Cuando el niño tenía alrededor de cuatro años, el mayor general Garth lo adoptó y lo llevó a Londres. Según contó Lord Glenbervie, la existencia del bebé era una especie de secreto a voces y afirmó que incluso la reina sabía de su existencia. Algunos aseguran, sin embargo, que el padre era el desagradable Ernesto Augusto y que Garth, enamorado de la princesa y amenazado por el príncipe, había admitido falsamente la responsabilidad.

La pobre Sofía, emocionalmente vulnerable, jamás se casó. Vivió siempre en palacio hasta el reinado de su sobrina, la reina Victoria, y fue cuidada amorosamente por su cuñada, la reina Adelaida. Murió en 1848, cuando se descubrió que Sir John Conroy, perverso asesor de la madre de la reina, había malgastado la mayor parte de su dinero y que la princesa prácticamente no tenía bienes que legar. Charles Greville escribió: “La princesa Sofía murió hace unos días, mientras la reina estaba celebrando el Salón para su Cumpleaños. Estaba ciega, indefensa y sufrió el martirio; una mujer muy inteligente, bien informada, pero que nunca vivió en el mundo”.

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