Historias

Hace 225 años nació Nicolás I, un zar guerrero en el trono de Rusia

Nieto de Catalina la Grande, fue un oficial militar que durante su reinado se enfrentó a los enemigos internos y externos del país.

Nicolás I, nacido el 6 de julio de 1796, era nieto de la emperatriz Catalina II “la Grande” y parecía poco probable que algún día él pudiera ascender al trono. Sin embargo, llegó al poder en diciembre de 1825 tras la muerte de su hermano mayor, el zar Alejandro I, y la abdicación de su otro hermano, el gran duque Constantino Pávlovich.

Nicolás perdió a su padre, el zar Pablo I, que fue asesinado en 1801, cuando tenía solo cuatro años. Criado por su madre Sofía Dorotea de Wurtemberg, o María Feodorovna, el joven heredó de su padre la pasión por el servicio militar. A Nicolás le encantaba ver cambios de guardia y desfiles. Cuando tenía 16 años, quería ver los combates que tenían lugar durante la invasión napoleónica en 1812.

El recién coronado no tardó demasiado en tomar acciones para poner fin a la revuelta decembrista de 1825. La rebelión fue encabezada por oficiales del ejército que se levantaron contra la monarquía y a favor de tener más derechos y libertades. Algunos de los oficiales fueron ahorcados, pero la mayoría de ellos fueron enviados al exilio en Siberia.

Tras el turbulento comienzo de su reinado uno de sus primeros decretos fue el establecimiento del llamado Tercer Departamento, un cuerpo de policía secreta responsable de la prevención de revoluciones y otros disturbios.

Nicolás I ordenó establecer la censura y espiar a muchos de los escritores más importantes de la época, incluido Alexánder Pushkin, considerado por el zar como un líder liberal peligroso. Sin embargo, la literatura no era de gran interés para el zar que apreciaba más la ingeniería. Nicolás I participó personalmente en los proyectos arquitectónicos más importantes y de construcción de caminos que la Rusia de aquel momento.

Durante su reinado se completó la construcción del primer ferrocarril ruso que unía San Petersburgo con Moscú, en 1851. Fue él quien propuso la idea de hacer un ancho de vía más amplio para que los enemigos no pudieran usar el ferrocarril. Esta idea fue de gran ayuda un siglo más tarde, en 1941, cuando las tropas nazi invadieron la URSS.

El odio a revoluciones de Nicolás I se extendió a Europa. Sus vigorosas maniobras militares para reprimir rebeliones en Polonia (1830) y Hungaría (1848-1849) fortalecieron la imagen de Rusia como el gendarme de Europa.

Las tensiones en Europa resultaron en el conflicto militar, la guerra de Crimea (1853-1856), cuando Rusia luchó contra una coalición formada por Gran Bretaña, Francia, Cerdeña y el Imperio otomano en el Mar Negro, el Cáucaso e incluso en el Océano Ártico.

Después de tres años de intensos combates, incluido el famoso sitio de Sebastopol, Rusia tuvo que rendirse y renunciar a su flota en el Mar Negro. Algunos creen que la derrota en la guerra de Crimea condujo a la muerte súbita de Nicolás I en marzo de 1855 a la edad de 58 años.

Ksenia Isàeva / RBTH / Monarquias.com