Holanda

Museo de Ámsterdam exhibe la espléndida y controvertida “Carroza Dorada” de los reyes holandeses

La reina Guillermina, que lo recibió como regalo de coronación en 1898, ya consideraba el carruaje como un enorme exceso y consideró guardarlo en el Rijksmuseum unas cuantas veces, temiendo que fuera visto como una provocación al pueblo.

El Amsterdam Museum exhibirá desde el próximo 18 de junio la “Carroza Dorada” (Gouden Koets, en neerlandés) que los reyes de los Países Bajos utilizaron durante más de 120 años. Creada en 1898 como un regalo de los habitantes de la ciudad a la reina Guillermina cuando ascendió al trono a los 18 años, el llamado “Tributo de las colonias” ha sido muy criticado en los últimos años y muchas personas han pedido que sea eliminado.

En 2020, el Servicio de Información del Gobierno holandés informó en 2021 que la Carroza Dorada sería “cedida temporalmente” para la exposición “Coche Dorado, Regalo de Ámsterdam” y el rey Guillermo Alejandro recordó que el coche no sería retirado de uso por ser un emblema del racismo, sino porque “forma parte del patrimonio cultural neerlandés”.

El coche real se utilizaba en el recorrido de los monarcas por la ciudad de La Haya durante el tercer martes de cada septiembre y uno de los días más importantes en la política de Países Bajos, también conocido como el Prinsjesdag. En esta fecha se hace la apertura de un nuevo curso, con un discurso pronunciado por el monarca para describir la política oficial para el año. Anteriormente, fue utilizado por los reyes Guillermo Alejandro y máxima en su boda en 2002.

La carroza data de 1898 y fue un regalo de los habitantes de Ámsterdam a la reina Guillermina cuando ascendió al trono a los 18 años. Cuando la construcción del carruaje se encontraba en marcha, Louis Maximiliaan Hermans, un activista socialista en la capital, pidió a sus compañeros de la ciudad que boicotearan las tiendas que ayudaron a recaudar dinero para colaborar.

Hermans señaló la amarga pobreza de la ciudad: “Cuando en un hogar la mayoría de los miembros están en necesidad”, escribió, “a nadie se le ocurrirá ofrecer un regalo precioso a una persona que no necesita nada”. “Además: ¿qué hará Guillermina con un carruaje? En verdad, la señora posee alrededor de ciento cincuenta de estos vehículos”, escribió Hermans, quien también estaba molesto por la mercadería conmemorativa que había en las tiendas con motivo de la coronación, como “puros malolientes”.

Los holandeses que impulsaron la iniciativa quisieron que el carruaje enfatizara un carácter puramente patriótico: el lino para las almohadas de los asientos procedía de Zelanda, el cuero para las correas de transporte para la cabina era fabricado en Brabante. También participaron los territorios holandeses de ultramar: la madera de teca de la que se hizo la construcción había sido transportada desde Java; el marfil para los adornos llegó desde Sumatra. Los niños del orfanato de Burgerweeshuis, actual ubicación del Museo de Ámsterdam, ayudaron a bordar las almohadas del carruaje.

La reina Guillermina nunca amó la Carroza Dorada que recibió como regalo

La reina Guillermina (1880-1962) fue muy clara en sus deseos cuando fue investida en 1898. La joven reina de 18 años no quería ningún regalo y, desde luego, no un carruaje dorado llamativo. Pero a los habitantes de Ámsterdam eso no le importaba. Los ciudadanos recaudaron dinero para un “regalo popular” y se reclutó a los mejores artesanos, incluidos los hermanos Spijker, para que hicieran un tributo adecuado para Guillermina: el carruaje de cuento de hadas.

Al día siguiente de la ceremonia de entronización, en 1898, Guillermina recibió el regalo durante una visita al Paleis van Volksvlijt, en La Haya, donde se instaló el carruaje. Después de eso, pasarían otros tres años antes de que la reina comenzara a usarlo, en su boda con el duque alemán Enrique de Mecklenburg-Schwerin. Sin embargo, eso no fue suficiente para la gente, ávida de pompa real, que presionó para que el carruaje fuera utilizado por la reina en el día de la apertura del Parlamento (Prinsjesdag), lo que sucedió por primera vez en 1903.

Guillermina siguió prefiriendo el Carruaje de Cristal (construido durante el reinado de su bisabuelo, Guillermo I, en 1826), que mucho más antiguo y a sus ojos más digno, pero al final tuvo que ceder a los deseos de la población. Después de 1923, el Carruaje de Oro fue el centro del espectáculo, aunque Guillermina, mujer simple y austera, no pudo reprimir su alegría cuando pudo viajar enautomóvil hasta el Ridderzaal, sede del parlamento, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y 1946. Observó con seriedad que solo unos pocos en el público compartían sus sentimientos.

El Carruaje de Oro ha estado indisolublemente vinculado al Prinsjesdag desde la época de la reina Juliana hasta que comenzó la muy necesaria restauración en 2016, bajo el mando del rey Guillermo Alejandro. En todo ese tiempo, el carruaje solo se quedó una vez en los Establos Reales de Noordeinde, en 1974 cuando se estaba llevando a cabo una toma de rehenes en la embajada francesa ubicada junto a la ruta que conduce del palacio al parlamento. Parecía más sensato y seguro llevar a la reina Juliana al Ridderzaal en un automóvil.