Historias

Diarios de un parlamentario inglés revelan entresijos de la abdicación de Eduardo VIII: “El rey va camino a la perdición”

En sus diarios, Sir Henry "Chips" Channon, amigo de la familia real, no ocultó sus sentimientos hacia la duquesa de York que contrastaban con lo que pensaba de Wallis simpson, una "mujer con encanto" que habría sido una "buena reina".

Cuando los diarios de Sir Henry ‘Chips’ Channon (1897-1958), un diputado conservador británico y amigo y confidente de los nobles, ricos y famosos, aparecieron por primera vez en 1967, escandalizaron a la sociedad londinense y crearon una sensación nacional.

En sus páginas, Channon se muestra como un personaje “servilmente adulador y esnob” (en palabras de un destacado comentarista televisivo) que comentaba con desparpajo anécdotas sobre los personajes que conocía, entre ellos los jerarcas nazis Adolf Hitler, Joseph Goebbels, Hermann Göring y Joachim von Ribbentrop.

“Se ve exactamente como sus caricaturas, uniforme marrón, bigote corto de Charlie Chaplin y figura rechoncha y cuadrada, decidido pero no sombrío… Uno sentía que estaba en presencia de una criatura semidivina: estaba más emocionado que cuando conocí a Mussolini en 1926 en Perugia, más estimulado que cuando fui bendecido por el Papa”, escribió sobre cuando conoció a Hitler en los Juegos Olímpicos de 1926.

Channon también fue un amigo de la realeza británica. Conoció a los cuatro hijos del rey Jorge V, los futuros reyes Eduardo VIII y Jorge VI, y los duques de Kent y Gloucester, desde principios de la década de 1920, y disfrutó de una amistad especial con el duque de Kent, un vecino de Belgrave Square.

En sus diarios, Channon no ocultó sus sentimientos hacia la duquesa de York (más tarde la reina Isabel, y posteriormente la Reina Madre) antes de su matrimonio, y pasó de la devoción absoluta a un fuerte sentido de irritación más tarde por ella, sobre todo por su actitud hacia Wallis Simpson.

Refiriéndose al futuro rey Jorge VI, escribió: “Bertie York, o Pork, como lo llamamos ahora con crueldad. [Él es] bueno, es aburrido, es obediente y de buen carácter. ¡Es completamente poco interesante, poco distinguido y un aburrimiento horrible! Además, ha mejorado enormemente [desde el matrimonio]. [Su esposa] lo tiene completamente bajo su control”.

La duquesa de York era “fundamentalmente perezosa, muy perezosa y encantadora, siempre alegre, agradable y sonriente”. “Tiene algo de inteligencia y lee mucho, pero carece de toda vista, y sus casas siempre han sido banales y horribles … ¡Nunca será una gran Reina porque nunca llega a tiempo!”, vaticinó.

Los eventos de 1936, relacionados a la abdicación de Eduardo VIII y la coronación de Jorge VI, ocupan un lugar central en los diarios de Channon: “El escándalo Simpson está creciendo, y ella, la pobre Wallis, parece infeliz”, escribió a principios de julio, seis meses antes de la renuncia.

“El mundo se está cerrando a su alrededor… Es una curiosa yuxtaposición social la que me coloca en el papel de Defensor del Rey. Pero lo hago, y con mucha fuerza en la sociedad, no por lealtad a él, sino por admiración y afecto por Wallis, e indignación contra quienes la atacan”, escribió.

Sus predicciones sobre la crisis de la abdicación fueron interesantes: “Ciertamente quiere casarse con Wallis”, escribió el 7 de noviembre de 1936, más de un mes antes del discurso de abdicación. “Pero si se casa con ella… debe abdicar de inmediato, y si no lo hiciera deberíamos ver disturbios… Es un problema emocionante”.

Wallis es una mujer con encanto, sensatez, equilibrio y gran ingenio”, describió Channon. “Tiene dignidad y buen gusto; siempre ha sido una excelente influencia para el Rey… Hubiera sido una excelente Reina. Nunca se sentía incómoda y podía encantar a cualquiera con su atractivo acento; ella es, sin embargo, une maîtresse-femme, una jugadora con vida y ambiciosa”.

En lo que respecta a Eduardo VIII, las palabras de Channon no fueron tan halagadoras: “Siempre he pensado que sufre de represión sexual de otra naturaleza. Su horror a cualquier cosa que incluso supiera a homosexualidad era exagerada”.