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“Atrevida, curiosa, talentosa”: Alberto de Bélgica recordó a su abuela Isabel de Baviera

En entrevista con Paris Match, el exmonarca belga rememoró la figura de la denominada “reina roja”, una mujer apasionada por la música, las ciencias, las artes, los deportes, la vida sana y el comunismo.

En entrevista con Paris Match, el exmonarca belga rememoró la figura de la denominada “reina roja”, una mujer apasionada por la música, las ciencias, las artes, los deportes, la vida sana y el comunismo.

La reina Isabel de Bélgica (1876-1965), personaje singular en la genealogía real belga, se ganó el respeto público por haber servido valientemente en la Primera Guerra Mundial, pero levantó cejas el resto de su vida al llevar una vida bohemia, rodeada de artistas, llamada por la música y un reprobable interés por el comunismo.

Habiendo perdido a su madre cuando tenía unos pocos meses de vida, el exrey Alberto II de Bélgica fue tomado bajo la protección de su abuela, a la que ahora recuerda como “atrevida”, “intrépida”, “curiosa” y “talentosa”. Isabel “era una gran amante de la música, que practicaba con talento”, recordó el ex monarca de Bélgica en una entrevista con la revista francesa Paris Match en la que rememoró la figura de su abuela.

Ella quería absolutamente que yo supiera tocar el violín, como ella. La elección no pudo haber sido muy feliz, porque, cuando saqué el instrumento de su estuche frente a mis padres o mis hermanos y hermanas, ¡todos huyeron!”

Alberto II, ahora de 86 años, dijo que su abuela estaba “decididamente orientada hacia el futuro, era bastante poco convencional y no le gustaba volver al pasado”.

“Nunca habló de sus hazañas, ni siquiera de sus actos de valentía o heroísmo durante la Gran Guerra. Y tuvimos muchos problemas para hacerle contar las cosas extraordinarias que había vivido. Como aquellos viajes a Egipto, India, Estados Unidos, África, Oriente, donde había presenciado el fin de un mundo fascinante”.

“Creo que heredé de ella el gusto por la fotografía. Era una excelente fotógrafa y usaba un Rolleiflex. Tan pronto como tuve los medios, me compré uno, para hacer como ella”

Curiosa por todo, por todos, constantemente tenía mil ideas, mil proyectos. Siempre encontró interés en escuchar a los demás, especialmente a artistas y científicos”, dijo el rey. Recordó a su abuela como una dama “cariñosa” a la que “le encantaba bromear”. “Algunos inviernos, cuando el parque estaba cubierto de nieve, esquiamos cuesta abajo desde el castillo hasta los estanques”, recordó.

Definiéndola como una mujer “atrevida y atlética”, Alberto II recordó que su abuela fue una “gran jinete que ostentaba el récord de saltar más de 2 metros en una amazona”. “Fue bastante notable. En ese momento, cuando no se practicaba deporte, también hacía gimnasia, yoga, senderismo, montañismo e incluso golf. Fue ella quien animó a la familia a jugarlo. ¡Ella fue una pionera!”, agregó.

Nacida en la dinastía real de los Wittlesbach del Reino de Baviera, teniendo como tía a la emperatriz ‘Sissi’ de Austria, Isabel hablaba poco alemán y casi nunca hablaba de sus recuerdos en su país natal.

Nunca hablaba alemán, excepto cuando buscaba una palabra, a menudo el título de una pieza musical”, dijo Alberto II. “En el desayuno, que me invitaba regularmente a compartir con ella, tomaba pumpernickel, este pan negro alemán”.

“Mi abuela hacía gimnasia, yoga, senderismo, montañismo e incluso golf. Fue ella quien animó a la familia a jugarlo. ¡Ella fue una pionera!”

“Hija de un médico, conocía muy bien las normas de higiene. Ella dijo que no deberíamos contraer gérmenes, se aseguró de que siempre estuviéramos bien cuidados. Nos habló de personalidades notables que conocía bien, como Albert Schweitzer o Albert Einstein, dos hombres que la admiraban enormemente”, recordó el exmonarca, cuya nieta mayor se llama Isabel en homenaje a la reina.

Alberto II contó al periodista Stéphane Bern que su abuela fue “ciada en la naturaleza” y “una apasionada de las aves”: “Todo le interesaba, especialmente los descubrimientos médicos. Siempre estuvo rodeada de médicos, investigadores. Había por ejemplo un médico belga, Pierre Nolf, a quien le había ofrecido un lugar para realizar experimentos químicos, para encontrar nuevos medicamentos. Él fue quien convenció a mis abuelos de que renunciaran a la carne. Ser vegetariano aún no era común”.

Para Alberto II, la vida intelectual de su abuela era una forma de olvidar las amarguras del pasado. “Sin duda gracias a esto superó el terrible duelo que la golpeó por la muerte de mi abuelo, en 1934. Durante mucho tiempo se aisló en una habitación oscura, negándose a ver a nadie”, recordó. “Luego tuve la suerte de nacer, en junio de 1934. Me pusieron el nombre de pila Alberto, y eso le dio la alegría de vivir, el deseo de empezar de nuevo”, agregó.

“Hija de un médico, conocía muy bien las normas de higiene. Ella dijo que no deberíamos contraer gérmenes, se aseguró de que siempre estuviéramos bien cuidados”.

Al final de la entrevista, el exrey belga recordó el interés que la reina Isabel sintió por el comunismo, lo que le valió el apodo de “reina roja”. “Al querer hacer el vínculo entre Oriente y Occidente en medio de la Guerra Fría, incluso mostró originalidad en la política. Ella cruzaba rutinariamente el Telón de Acero hacia Polonia o Moscú, donde conocía a todos los líderes, lo cual era asombroso”, dijo el rey.

El monarca relató: “Un día, cuando China estaba siendo condenada al ostracismo, decidió ir allí para conocer a Mao Tse Tung y su equipo. El gobierno belga estaba consternado. El ministro de Asuntos Exteriores, Paul-Henri Spaak, incluso había ido a buscarla para explicarle que este viaje era absolutamente imposible. Ella lo escuchó con atención durante más de una hora, luego, al dejarlo, le dijo:Ministro, tuve un gran placer en hablar con usted, pero iré a China de todos modos’.