Historias

Quién es Rebecca Bettarini, la novia del heredero de la dinastía Romanov

En tanto las reglas sucesorias no se modifiquen, el gran duque Jorge Mihailovich deberá esperar para casarse por amor y conservar el legado de la dinastía imperial.

Actualización: el gran duque Jorge Mihailovich obtuvo el beneplácito de la jefa de la Casa Imperial para casarse con la hija del diplomático italiano.

La gran duquesa María de Rusia, considerada la legítima heredera de la dinastía Romanov por muchos monárquicos rusos, lleva varios años impulsando una reforma en las leyes internas de la casa imperial para permitir que su único hijo, Jorge de Rusia, contraiga matrimonio con la mujer que ama sin que ello signifique su pérdida de los derechos sucesorios.

El gran duque Jorge Mihailovich, de 39 años, tiene una novia plebeya desde hace un largo tiempo, pero las reglas del juego sucesorio le impiden casarse con ella y al mismo tiempo ser el jefe de la dinastía. Se trata de Rebecca Bettarini, una más que preparada empresaria, hija de un embajador italiano. En tiempos de los zares, el romance del gran duque con una mujer como Bettarini habría sido vetado y ambos hubieran sido exiliados.

“Si una persona de la Familia Imperial contrae matrimonio se casa con una persona de un estado desigual al suyo (…) no puede transmitir a la otra persona los derechos que pertenecen a los miembros de la familia imperial”, dice la ley de la época zarista todavía vigente en la dinastía. “Los hijos que emanan de ese matrimonio no tienen derecho de sucesión al trono”, advierte la ley sucesoria, promulgada por el zar Alejandro I.

La gran duquesa María Vladimirovna, hija única del gran duque Vladimir y tataranieta del zar Alejandro II, contrajo matrimonio dinástico con el príncipe Franz de Prusia, bisnieto del último kaiser de Alemania, de quien se separó poco después. Actualmente María vive en España y afirma ser la auténtica depositaria de los derechos sucesorios rusos, y viaja frecuentemente a Rusia.

María declaró a su único hijo Jorge Mikhailovich como el verdadero heredero del trono, aumentando más la pugna histórica que su rama familiar mantiene con otros miembros de la familia. Varios Romanov afirman que María no tiene tales derechos porque su padre se casó con una princesa de la nobleza georgiana, cuyo estatus no estaba a la altura de las reglas sucesorias de 1820.

Después de completar sus estudios, Jorge trabajó en el Parlamento de la Unión Europea y luego en la Agencia Europea de Energía Atómica. Posteriormente ocupó cargos ejecutivos en Norilsk Nickel, antes de fundar Romanoff & Partners, empresa en la que sigo participando en la mejora de las relaciones de las empresas rusas en Europa. Desde 2017 pasa la mayor parte del tiempo en Rusia, donde lidera la Junta Directiva de Foodbank Rus y participa en varios proyectos benéficos.

Actualmente, el gran duque y Rebecca viven juntos en Moscú. “Actualmente, las condiciones de vida no son demasiado restrictivas. Siguiendo las normas de seguridad sanitaria, podemos ir a trabajar, pasear, disfrutar de cafés y restaurantes. Antes de la pandemia, solíamos viajar entre Madrid, Bruselas, Roma y París”, contó en una reciente entrevista con la revista francesa Point de Vue.

Rebecca y yo crecimos en parte en la capital francesa. Esta ciudad es nuestro segundo hogar. Una vez restablecida la situación, esperamos poder volver a ella, encontrarnos con nuestros primos y la diáspora rusa, algunos de los cuales aún tienen actividades relacionadas con la tradición imperial”, agregó el heredero en la entrevista.

El gran duque contó con orgullo que su novia “habla cinco idiomas con fluidez y tiene una mentalidad abierta excepcional” y la definió como “una mujer independiente y moderna”. “Nos conocimos cuando éramos adolescentes, gracias a amigos en común. Luego nos volvimos a encontrar en Bruselas en 2012. En ese momento, ambos estábamos trabajando con las instituciones europeas. Le pedí que me ayudara cuando comencé mi fundación. Entonces las cosas procedieron de forma natural”, relató.

En un primer paso hacia una posible boda, Rebecca se convirtió a la fe ortodoxa rusa. “La fe es muy importante para mí. Crecí en una familia con fuertes valores cristianos. Durante mis estudios universitarios, mi padre trabajó con Rusia y estuvo asociado con la construcción de la Iglesia Ortodoxa de Santa Catalina en Roma”, dijo ella en la entrevista. Su conversión tuvo lugar en la Catedral de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo, donde están enterrados los restos de todos los zares de Rusia.

Tras su conversión, Rebecca adoptó el nombre ortodoxo de Victoria Romanovna, una condición para cualquier persona que desee ingresar por matrimonio a la familia imperial. La pareja actualmente reside en Rusia. “Me encanta vivir en Moscú. Esta ciudad vibra con una energía que es peculiar de sus habitantes. Me gusta caminar por el río Moskva helado, descubrir estaciones de metro que parecen palacios o museos. Y los moscovitas son amables y muy hospitalarios. Son muy curiosos tan pronto como hablas su idioma”, dijo Rebecca.

Por su parte, el gran duque afirma que es “muy emocionante” encontrar las “conexiones con la familia Romanov y sus 300 años de historia en esta ciudad, como en todo el país. Moscú es una ciudad enorme y cosmopolita, con restaurantes, exposiciones, mucha vida. Es un placer vivir aquí”, afirmó y agregó que “las relaciones entre la familia imperial y el gobierno se basan en el respeto mutuo”.

No participamos de la vida política del país, pero tratamos de contribuir a la tranquilidad doméstica, tanto religiosa como civil”, dijo el gran duque. “En todas las regiones donde apoyamos organizaciones benéficas y eventos culturales, somos recibidos con el mismo entusiasmo por los gobiernos locales y por nuestros compatriotas. La filantropía, el desarrollo internacional de Rusia, así como la restauración y preservación de su patrimonio, también forman parte de nuestras acciones”.

Después de varios años de relación, el gran duque Jorge y Victoria Romanovna esperan que un cambio en el ajedrez sucesorio, que debe ser apoyado por un consejo de cortesanos (la Cancillería de la Casa Imperial) les permita casarse en el futuro. “La falta de princesas reales elegibles, y mucho menos una que se convertiría a la ortodoxia ciertamente reduce las posibilidades de contraer un matrimonio igualitario. Un cambio a la sucesión dinástica, sin embargo, ahora despejará el camino para que Jorge se case por amor”, explica el experto en historia dinástica rusa Paul Gilbert.