Secretos Cortesanos

Cómo criar hijos: las 12 reglas pedagógicas de la emperatriz Catalina la Grande

En 1784, la emperatriz emitió su propio edicto imperial: "Instrucciones sobre la crianza de los grandes duques Alejandro y Constantino", donde destacaba que lo más importante que deben adquirir los niños es “una comprensión clara y adecuada de las cosas y un cuerpo y una mente saludables”.


No los traten con demasiada calidez, no los sobrealimenten ni los restrinjan en sus juegos. La emperatriz de Rusia escribió varios conjuntos de instrucciones para los tutores de su nieto, el futuro emperador Alejandro I, que todavía son relevantes en la actualidad.

Las tradiciones para criar herederos al trono en Rusia se habían formado durante siglos: los príncipes eran mimados y criados en el lujo, tenían hasta cinco comidas al día y no había límite en la cantidad de cosas dulces que podían comer. Sin excepción, sus niñeras y tutores les hablaban con dulzura y nunca los castigaban. Tenían una gran cantidad de juguetes y continuaban utilizándolos cuando crecieron (basta recordar el “Ejército de juguete” de jóvenes soldados de Pedro III).

La joven alemana a la que conocemos como Catalina II no pudo influir en la educación de su hijo primogénito, el futuro zar Pablo I. Pero notó el hecho lamentable de que su salud y carácter fueran defectuosos y que su educación fue la culpable.

Por eso, cuando Catalina II se convirtió en la emperatriz indiscutida de Rusia, decidió intervenir en la educación de su nieto favorito, el futuro zar Alejandro I, y su hermano Constantino. En 1784, la emperatriz emitió su propio edicto imperial: “Instrucciones sobre la crianza de los grandes duques Alejandro y Constantino”, donde destacaba que lo más importante que deben adquirir los niños es “una comprensión clara y adecuada de las cosas y un cuerpo y una mente saludables”.

1. Ropa

La ropa debía ser lo más sencilla y ligera posible. “Que la ropa de Sus Altezas en verano e invierno no sea demasiado abrigada, ni pesada, ni atada y particularmente no demasiado apretada en el pecho”, escribió Catalina.

2. Alimentos

La comida debía ser sencilla y preparada sin especias, con una pequeña cantidad de sal. Si los niños tenían hambre entre el almuerzo y la cena, aconsejaba darles un pedazo de pan y en verano reemplace una comida con bayas o frutas. “No deben comer cuando estén llenos ni beber cuando no tengan sed; y no deben servirse con comida o bebida cuando estén llenos”, escribió Catalina II. La emperatriz también recomendó que no se les ofrezca vino a los niños a menos que lo prescriba un médico…

3. Aire fresco

La emperatriz aconsejó ventilar el dormitorio de los niños, especialmente por la noche. En invierno, la habitación de los grandes duques no debía sobrecalentarse. La temperatura no debía ser superior a 13-14 grados en la escala Réaumur (alrededor de 16-17 grados Celsius o 61-63 Fahrenheit). Y, por supuesto, los niños debían pasar más tiempo al aire libre, “para que en verano e invierno Sus Altezas pasen el mayor tiempo posible al aire libre”.

4. Inmunización y baño

La emperatriz observaba que tomar un baño de vapor y luego bañarse en agua fría tenía un efecto beneficioso sobre la salud de los niños. Para prevenir los resfriados, recomendaba lavarse los pies con agua fría y, en general, no tener miedo de que un niño se moje los pies. “En el verano, deben nadar tanto como deseen, siempre que no hayan sudado de antemano”, agregó la emperatriz.

5. Dormir

El consejo de Catalina II era que los niños no debían dormir en camas de plumas suaves y que sus almohadas debían ser livianas. No se les debe envolver la cabeza mientras duermen y se les debe acostar y despertar temprano. “Entre ocho y nueve horas de sueño parece correcto”, escribió Catalina. Se debía despertar a los niños sin sobresaltarlos, sino llamándolos en voz baja por su nombre.

6. Juegos

No se debía restringir el juego a los niños: “Se les debería animar a participar en ejercicios y juegos de todo tipo compatibles con su edad y sexo; porque el ejercicio confiere fuerza y ​​salud al cuerpo y la mente”, anotó. Además, los adultos no debían interferir en los juegos de los niños si los mismos niños no les piden que se involucren: “Dar a los niños total libertad para jugar hará que sea más fácil descubrir su carácter y sus inclinaciones. No dejes que los niños estén ociosos, pero tampoco los obligues a estudiar y alimenta constantemente su curiosidad con diferentes actividades”, agregó.

7. Medicamentos

“No les dé ningún medicamento sin necesidad extrema”, advirtió Catalina II. La emperatriz juzgó muy progresivamente y con bastante acierto que es mejor cuidar la salud de un niño que darle interminablemente medicinas que solo atraerían nuevas enfermedades. Además, las constituciones jóvenes con frecuencia experimentan escalofríos o fiebres. La emperatriz atribuyó esto a la edad y cree que estas cosas pasarán sin la intervención de los médicos. El dolor causado por lesiones, quemaduras solares y ese tipo de cosas, por supuesto, valía la pena tratarlo, decía, pero debía hacerse sin prisa para que los niños aprendan a resistir el dolor.

8. Enseñanza de la moral

Es una regla simple que un niño debe ser elogiado por su buen comportamiento y sus logros, y por su mal comportamiento debe sentirse avergonzado. “Normalmente, ningún castigo puede ser útil para los niños si no se combina con la vergüenza por el hecho de que se hayan portado mal”, dijo Catalina. Los niños deben estar motivados para comportarse bien para que puedan “ganarse” amor y elogios.

Por mucho que se les castigue, no se les podía educar adecuadamente sin un ejemplo personal. “Los cuidadores no deben hacer frente a sus pupilos lo que no quieren que los niños copien y los ejemplos malos y nefastos deben mantenerse fuera de la vista y el oído de Sus Altezas”, escribió. “Las mentiras y la deshonestidad deben estar prohibidas tanto para los niños mismos como para quienes los rodean y las mentiras ni siquiera deben usarse en bromas, sino que, en cambio, los niños deben ser alejados de las mentiras”.

9. Lágrimas

Catalina II detalló que los niños lloran por dos razones: 1) por obstinación y 2) sensibilidad y tendencia a quejarse. Pero advertía que no convenía fomentar ni lo uno ni lo otro. Los niños no deben buscar obtener lo que quieren empleando lágrimas. A los niños se les debe enseñar a “soportar lo que les aflige con paciencia y sin quejarse”, dijo.

Desde la infancia la voluntad de los niños debe estar subordinada al sentido común y la justicia”, agregó la emperatriz.

10. Preocupación por quienes los rodean

Los niños no deben ser golpeados ni regañados y, de manera similar, nadie debe ser golpeado ni regañado en su presencia. Además, no se debe permitir que maltraten a animales o insectos. Además, enséñeles a cuidar lo que les pertenece, ya sean animales o plantas en macetas, dijo la emperatriz. “El punto principal de instruir a los niños debe ser inculcarles el amor por sus semejantes”, anotó.

11. Miedos

Basándose en la crianza que tuvo su hijo Pablo, educado por nodrizas en la superstición y el miedo a los espíritus, Catalina II anotó que en la infancia los niños deben estar protegidos de lo que los asusta y no deben asustarse deliberadamente. Posteriormente, se les puede confrontar cuidadosamente con sus miedos o con un intento de convertir sus miedos en una broma.

12. Buenos modales

Enseñe a los niños buenos modales; los buenos modales se basan en no tener en baja estima ni a uno mismo ni a los demás seres humanos”, escribió Catalina II. Según la emperatriz, cuatro cosas son completamente contrarias a los buenos modales:

1) Una mala educación innata que no ve las inclinaciones, la constitución física o la condición de las personas sin un sentido de superioridad.

2) Desdén y falta de respeto a las personas manifestadas por miradas, palabras, acciones y comportamiento.

3) Condena de las acciones de otros seres humanos mediante palabras y burlas, discusiones deliberadas y constante desacuerdo.

4) Un hábito de sutilezas que siempre, pase lo que pase, encuentra una excusa para protestar, condenar y criticar; a la inversa, una excesiva exhibición de modales es insoportable en sociedad.

Por Alexandra Guzeva, artículo cedido por RBTH para MONARQUIAS.COM