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El “Príncipe Negro”: por qué el ex heredero del trono es tan impopular en Nepal

Con fama de alcohólico y violento, Paras Shah llegó a ser odiado por sus súbditos, que lo acusan de organizar la masacre de la dinastía en 2001.

Con fama de alcohólico y violento, Paras Shah llegó a ser odiado por sus súbditos, que lo acusan de organizar la masacre de la dinastía en 2001.

Fue el estilo de vida despótico como príncipe heredero lo que en parte alimentó la impopularidad de la dinastía Shah, derrocada tras 240 años de reinado.

Cuando el 7 de julio de 1947 nació el príncipe Gyanendra, nieto del rey Tribhuvana de Nepal, los astrólogos de la Corte, figuras más que influyentes en la corte, exclamaron asustados: “¡Mala suerte! ¡Mala suerte!”. El rey quedó asombrado y sumamente preocupado, tomando la decisión pronta de que el niño no fuera criado por sus padres, sino por otros parientes, lejos del palacio real. Los astrólogos no se equivocaron: Gyanendra sería el último rey de Nepal.

Hoy, Nepal ya no es una monarquía, que cayó tras una escalada de violencia desatada por el autoritarismo de Gyanendra. El impopular príncipe se había convertido en rey, contra el deseo de sus súbditos, cuando el príncipe heredero Dipendra mató a su padre, el rey Birendra, y a numerosos miembros de la familia real en un sangriento episodio jamás aclarado. Con la corona de plumas sobre su cabeza, Gyanendra nombró heredero a una persona aún más impopular que él, su hijo Paras Shah.

Mientras hoy se suceden numerosas protestas contra el gobierno de la República y a favor de la restauración de la dinastía Shah en el trono, los nombres del ex rey Gyanendra y del ex príncipe heredero brillan por su ausencia entre los manifestantes. Recuerdan con angustia los últimos años de la monarquía, y prefieren centrarse en la figura del joven príncipe Hridayendra, hijo de Paras. Pero, ¿por qué su padre es detestado por los nepaleses?

Nacido en 1971, hijo de Gyanendra y la reina Komal, el príncipe Paras Shah fue muy impopular por su carácter despótico y libertino, pero sobre todo por haber provocado en estado de ebriedad un terrible accidente de tráfico que causó la muerte de un cantante de moda. Huyó del lugar y no fue llamado a comparecer ante la justicia por ese homicidio involuntario. Hubo manifestaciones violentas que exigieron justicia en las calles de Katmandú, y más de 600 mil ciudadanos firmaron una petición al rey Birendra exigiendo que tomara cartas en el asunto y enjuiciara a su sobrino. Paras nunca se enfrentó a los cargos y un oficial del ejército se adjudicó la responsabilidad por el incidente.

Con fama de alcohólico y violento, hasta se lo relacionó con el “negocio” que enviaba cada año a más de 7.000 mujeres nepalesas a los burdeles de la India para ser sometidas a esclavitud sexual. Los dueños de las discotecas de Thamel, el barrio más turístico de Katmandú, se aterrorizaban cada vez que veían llegar al “Príncipe Negro” -como era conocido-, siempre armado y acompañado por robustos guardaespaldas que causaban disturbios.

El odio popular hacia Paras se vio alimentado por los fuertes rumores de que alentó personalmente a su primo, Birendra, para que realizara la masacre en el palacio Narayanhity de Katmandú y, de esta forma, ganar terreno para convertirse en rey. En efecto, Paras Shah se encontraba en el palacio en el momento de la matanza familiar pero se salvó milagrosamente, lo que alimentó las dudas de la población. Dado su historial, los nepaleses todavía sospechan que Paras participó de el complot para que su primo asesinara a casi toda la familia real.

Después del baño de sangre, el padre de Shah, Gyanendra, asumió el cargo de rey y cuatro años más tarde tomó el poder absoluto, lo que provocó grandes protestas que finalmente lo obligaron a restaurar el parlamento. Los eslóganes que denunciaban al ampliamente al desagradable príncipe Paras aparecieron de manera prominente en las manifestaciones contra la coronación de su padre. Se rumoreaba que su familia le había pedido a menudo que controle su consumo de alcohol.

Con toda su familia ya sin trono, tras la traumática coronación de Gyanendra, en diciembre de 2010 el príncipe fue detenido en Pohkara por intentar asesinar a tiros a Melanie Koirala , la hija del primer ministro nepalés, tras una discusión en la que acusó a la familia Koirala de conspirar para abolir la monarquía que anhelaba heredar. Su sueño no se cumplió: el acuerdo de paz de 2006 puso fin a la guerra civil entre el Estado y la guerrilla maoísta, y una Asamblea Constituyente aprobó en 2008 la proclamación de la República.

El ex príncipe heredero se mudó a Singapur con su esposa, la princesa Himani, y sus tres hijos (el príncipe Hridayendra y las princesas Kritika y Purnika), pero mantiene una casa en Nepal y viaja de un lado a otro. Su esposa, que proviene de una familia principesca en la India, ha estado trabajando en favor de los desfavorecidos, pero las esperanza de que el príncipe se gane el favor de los manifestante pro monárquicos en la nación del Himalaya han desaparecido.