Boda imperial en Japón: cuáles son los rituales que deberá realizar la princesa Mako


“Nosai no Gi”, “Kokki no Gi”, “Choken no Gi”: las ceremonias que la princesa y Kei Komuro deberán protagonizar tienen profundos significados para Japón.

Con el príncipe heredero de Japón, Akishino, dando luz verde al compromiso de su hija mayor, ahora el país del Sol Naciente espera que la princesa Mako comience a organizar su boda con su excompañero de universidad, Kei Komuro.

El primer ritual es el “Nosai no Gi”, una ceremonia similar a la pedida de mano en la que se hace una promesa de matrimonio ante los padres de la novia con toda formalidad. Allí se realiza un intercambio de regalos, que en las últimas décadas comenzó a ser retransmitido por televisión. Tradicionalmente, los novios intercambian regalos como sake y besugo, además de rollos de seda con la que la novia puede confeccionar su vestido nupcial.

A esta ceremonia le sigue el ritual “Kokki no Gi”, en el que un emisario del novio anuncia la fecha de boda, una formalidad tradicional, ya que se espera que la Agencia de la Casa Imperial anuncie de antemano la fecha de la ceremonia. Tras ello, el “Choken no Gi” o ‘decir adiós’ será el rito en el que la princesa comunicará la decisión de casarse a sus abuelos imperiales, los emperadores eméritos Akihito y Michiko.

Judai no Gi” es el nombre de la ceremonia que tiene lugar el mismo día de la boda, por la mañana, cuando un emisario novio acude a la residencia de los padres de la novia para recogerla y conducirla a la ceremonia. Suele ser el momento más emotivo de los esponsales, ya que marcan la despedida de la novia de su casa de la infancia.

El compromiso de la sobrina del emperador Naruhito con su ex compañero de la International Christian University se anunció en septiembre de 2017, después de una relación de aproximadamente cinco años. La pareja celebró una conferencia de prensa en la que contó su historia de después de la primera reunión con Akihito y Michiko, abuelos de Mako y ahora emperadores eméritos.

Mako hizo los siguientes comentarios en la conferencia de prensa: “Komuro-san ha sido una presencia cálida y alentadora en mi vida. Lo primero que me atrajo fue su brillante sonrisa que brilla como el sol. También me atrajo la forma en que tiene una voluntad fuerte, pero al mismo tiempo hace un gran esfuerzo, y la forma en que responde a las cosas con el corazón abierto “. Komuro, por su parte, se sintió “fuertemente atraído por su naturaleza profundamente cariñosa y sus fuertes convicciones”.

Mako, de 29 años, es la hija mayor del príncipe Akishino, segundo hijo del emperador Akihito y primero en la línea sucesoria al Trono del Crisantemo desde su proclamación el 8 de noviembre. Mako y Komuro, de 29 años, anunciaron su plan para comprometerse en septiembre de 2017 y se planificó la boda para noviembre de 2018, pero en febrero de ese año anunció que su matrimonio se pospondría hasta 2020.

El evento se canceló luego de la prensa publicara una serie de informes que afirmaban que la madre de Komuro estaba involucrada en una disputa financiera con su ex prometido por dinero, incluidos los gastos educativos de su hijo, que el hombre asumió. En octubre de este año, Mako declaró que la pandemia del coronavirus era el principal escollo para la celebración, explicando que los problemas de la familia del novio ya habían sido solucionados.

El matrimonio de Mako reabrió el debate sobre la necesidad de reformar la normativa que rige la casa imperial nipona desde 1947, que establece que las mujeres que nacen en su seno pierden su estatus de realeza al casarse con un varón que no es de sangre real, algo que ha reducido sustancialmente el número de sus integrantes.

La boda de la princesa mermará todavía más esta institución avejentada y cada vez más escasa, abocada a una amplia brecha generacional, ya que cuando Mako se case la familia imperial pasará a contar con menos miembros activos que puedan realizar tareas de representación oficial. Esto sucedió con Sayako Kuroda, la hermana menor del emperador, que dejó la casa imperial al casarse con un plebeyo en 2005.

Ante este problema, el gobierno, el Parlamento y la corte están pensando en crear una ley especial que permita a las princesas conservar su rango y su posición oficial después del matrimonio, aunque ello no significaría que su descendencia tenga derecho de sucesión. Muchos japoneses, especialmente los jóvenes, tienen la esperanza de que Mako no pierda su lugar en la familia imperial después de casarse.