Por qué los tailandeses se arrastran ante el rey en el metro de Bangkok


Esta conducta no sorprende en un país como Tailandia, donde los reyes de la dinastía Chakri han sido reverenciados como divinidades desde sus orígenes.

Este fin de semana circularon masivamente fotos del rey Maha Vajiralongkorn y la reina Suthida de Tailandia en la inauguración de una nueva línea del metro de Bangkok. En su país las fotos resultaron absolutamente comunes, pero en Occidente llamó poderosamente la atención que solo el rey y la reina estuvieran sentados mientras el resto de la comitiva y todos los demás aparecieran de rodillas en el suelo.

Esta conducta no sorprende en un país como Tailandia, donde los reyes de la dinastía Chakri han sido reverenciados como divinidades desde sus orígenes. Los súbditos compiten por tener los mejores retratos y es posible encontrarse con la imagen enmarcada en dorado en los puntos principales de Bangkok, donde los tailandeses se detienen en medio de su rutina a orar o inclinarse, gesto de la reverencia indiscutible que tienen hacia la monarquía, más allá de quién sea el rey. El fallecido rey Bhumibol Adulyadej (1927-2017) fue una de las figuras más altamente reverenciadas de Tailandia, y la devoción por él alcanzó niveles pocas veces vistos en otras naciones.

Fue gracias a Bhumibol que hoy los tailandeses se inclinan y se arrastran ante la controvertida presencia de su hijo, Vajiralongkorn, también conocido como Rama X, quien se ubica hoy en el centro de las protestas juveniles que reclaman más democracia y transparencia. Su padre remontó las creencias de los siglos XVIII y XIX, cuando los primeros reyes de la dinastía fomentaron entre los devotos budistas siameses la tradición de un rey todopoderoso y semividino, un “Boddhisattva” o ser humano en las últimas etapas antes de transformarse en un Buda.

Por entonces, se prohibía a los plebeyos mirar directamente al rostro del rey y, si el “Nai Luang” (título que significa El Más Grande Señor y hoy ostenta Vajiralongkorn) les concedía la bendición de acercárseles, había que postrarse hasta tocar el rostro con el suelo, costumbres sagradas que continúan intactas en las más solemnes ceremonias de la corte.

El “Libro de las Leyes de Palacio” afirma de manera clara y contundente que el castigo por estar de pie frente al rey o tocarlo significa la muerte, y ello dio pie a una de las mayores tragedias de la dinastía: en 1881, cuando durante una procesión de las barcazas reales una de las esposas del rey Rama V cayó por la borda, la joven reina murió ahogada porque nadie se atrevió a tocarla para rescatarla.

Todavía hoy cualquier tailandés debe arrastrarse en presencia del intocable Vajiralongkorn, una costumbre, como muchas otras consideradas controvertidas para los ojos de los occidentales, que está lejos de ser desterrada. Los súbditos de Vajiralongkorn y Suthida, en una muestra de devoción abolida en 1873 pero resucitada en el reinado de Bhumibol, se refieren a sí mismos como “el polvo bajo sus pies”.

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