La modesta vida de Ratna, reina madre de Nepal y testigo silenciosa de la masacre de su familia


Persona estricta y obstinada, la viuda del rey Mahendra y madrastra del último monarca del país asiático rechaza vivir en el esplendor. Sus antiguos súbditos la defienden a muerte.

En el año 2016, el gobierno de Nepal cortó el suministro eléctrico a Mahendra Manzil, un bungalow dentro del complejo del antiguo palacio real de Narayanhity en Katmandú. Aunque la monarquía había sido abolida ocho años antes, allí continuaba viviendo Ratna Rajya Lakshmi Shah, la antigua reina madre del país himalayo. La deuda ascendía a varios millones de rupias y el corte dejó sin luz a una mujer octogenaria, enferma durante varios años y bajo tratamiento médico. La indignación desatada en las redes sociales se tradujo a una protesta multitudinaria en el parque Ratna, que lleva el nombre de la reina madre, y la quema pública de una estatua del ministro de Energía.

Los manifestantes estaban seguros de que el gobierno republicano buscaba vengarse de la dinastía Shah, que había gobernado Nepal desde el año 1769. Al palpar el estado de ánimo del público, el gobierno dio marcha atrás rápidamente, y veinticuatro horas más tarde restauró el suministro eléctrico a la residencia real. Durante sus horas en la oscuridad, la exreina no hizo nada excepto pedirle a su secretaria que le informara sobre el corte de energía a su hijo, el ex rey Gyanendra Shah, y le pidiera prestado combustible para los generadores.

El gobierno, derrotado, se preguntó entonces qué llevaba a los ciudadanos nepalíes a defender a Ratna ocho años después de que la única monarquía hindú del mundo se convirtiera en una república.

La segunda esposa y viuda del rey Mahendra, y madre de los reyes Birendra y Gyanendra, había sido autorizada por el gobierno de la República a permanecer en el complejo del palacio de Narayanhity, antigua residencia y sitio de trabajo de los reyes de la dinastía Shah, una vez que la monarquía absolutista se convirtió en una república en mayo de 2008. Junto a ella se instaló una mujer de más de 90 años que había sido concubina del suegro de Ratna, el rey Trivhubana.

La casa Mahendra Manzil había sido construida para ella por Mahendra casi cinco décadas antes y desde allí la reina madre fue testigo del ascenso y la caída estrepitosa de la familia real y la extrema adversidad que enfrentó en sus últimos tiempos. Actualmente, la anciana reina pasa la mayor parte de vida en oración y meditación encerrada en la casa y rodeada de los recuerdos familiares. Raras veces se la ha visto salir de la mansión.

El exrey Gyanendra y su familia suelen visitarla al menos una vez por semana, pero Ratna evita tener que encontrarse con otros parientes y simpatizantes. Rara vez habló en sus últimos años, pero cuando lo ha hecho sus palabras tuvieron el peso de un decreto para sus antiguos súbditos, hoy ciudadanos de la República. Persona estricta y obstinada, rechaza vivir en el esplendor, uno de los factores que desencadenaron la crítica hacia el rey Gyanendra: hasta ahora siempre se ha negado a pasar una noche fuera de su casa o a comer en un restaurante, lo cual le granjeó el respeto de buena parte de un país signado por la pobreza.

Un matrimonio de conveniencia

Nacida en 1928, Ratna Rajya Lakshmi Devi Shah se casó con el príncipe heredero Mahendra en 1953, dos años después de que su esposa, y la hermana mayor de Ratna, la princesa real Indra, muriera por complicaciones durante el nacimiento de su sexto hijo. La joven princesa Ratna se convirtió así en la madre sustituta de los seis hijos de su hermana, el mayor de los cuales tenía 10 años en ese momento.

Su esposo se convirtió en 1955 en el séptimo ‘maharajadhiraja’ o monarca de la dinastía Shah, fundada en 1768 por el gobernador gurkha Prithivi Narayan Shah. Por entonces, los reyes nepalíes vivían en virtual arresto domiciliario, reducidos a figuras decorativas, desde mediados del siglo anterior. La llamada masacre de Kot, en 1846, que costó la vida al entonces hombre fuerte del reino, Gagan Singh, al primer ministro Fateh Jang Chautaria y a buen número de aristócratas de las familias Pande y Thapa, dejó al general de origen indio Jang Bahadur Rana el camino libre para proclamarse primer ministro y convertirse en el nuevo gobernante absoluto tras obligar al rey Rajendra a abdicar en su hijo, Surendra, quien terminó siendo un mero peón en las manos del antiguo militar.

Bahadur Rana fundó una dinastía ministerial paralela a la de los reyes Shah, que continuaron como jefes nominales del Estado aunque eran los Rana, primeros ministros por derecho de herencia familiar, los verdaderos detentadores del poder absoluto. Desde entonces, los Rana proporcionaron consortes a los reyes Shah. Por lo demás, la oligarquía de los Rana se amoldó cooperativamente al protectorado de hecho instalado por Gran Bretaña en 1816 y que duró hasta 1923, cuando el país vio reconocida su soberanía.

En 1950, el rey Tribhuván Bir Bikram, hastiado tras cuatro décadas desempeñando un papel de títere medio secuestrado en el palacio real de Katmandú, se fugó a India junto con Mahendra y otros miembros de la familia real, y desde allí, con la ayuda del Gobierno de Nehru, se puso al frente de un poderoso movimiento opositor contra la familia Rana. En respuesta, Tribhuván fue desposeído del trono y su nieto Gyanendra, de tres años, fue coronado rey. Pero los Rana, odiados por el pueblo, no pudieron sostener su dictadura y un año más tarde se resignaron a devolver a Tribhuván el reconocimiento como rey.

Testigo mudo de la historia

El 18 de febrero el monarca retornó triunfalmente a Katmandú y proclamó el comienzo de una era de democracia en Nepal. En marzo de 1955, al morir sorpresivamente el rey Tribhuván, que todavía no había cumplido cincuenta años, su hijo Mahendra, un aristócrata cosmopolita, familiarizado con las costumbres de Occidente y aficionado a las composiciones poéticas, se convirtió en rey para adquirir prestigio como liberalizador del régimen: alumbró la primera Constitución nacional y permitió la celebración ese mismo año de elecciones a una Cámara de Representantes.

La reina Ratna, que nunca tuvo hijos, quedó viuda en 1972, cuando tenía 43 años y vio entonces la coronación de su hijastro Birendra, manteniendo desde entonces un segundo plano discreto aunque, en el ámbito privado, continuó ejerciendo una ferrea influencia en los asuntos familiares. En junio de 2001 le tocó presenciar de cerca la masacre en el palacio, cuando al menos 10 miembros de su familia y familiares cercanos fueron asesinados a tiros. Fue casi la única persona que se salvó del balacero, ya que se había retirado a su mansión minutos antes de que comenzara. Siete años después, vio cumplida una maldición dinástica del siglo XVII con el abrupto final de la monarquía, de 240 años de historia. Desde su casa, vio en silencio cómo su hijo Gyanendra abandonaba el palacio y la corona.

Su actitud tranquila y sus sacrificios le hicieron ganar a la reina Ratna mucho respeto entre la gente común, un sentimiento que sobrevivió a la caída de la monarquía Shah. La única vez que personas de su entorno vieron signos de indignación en ella fue cuando visitó el Hospital Militar el 2 de junio de 2001, donde la mayoría de las víctimas de la masacre de palacio fueron ingresadas. Se negó a visitar la cama del agonizante príncipe Dipendra, su nieto, quien había abierto fuego en una reunión familiar, deseando que muriera.

“Recuerdo que el primer ministro Girija Prasad Koirala vino al hospital de Chhauni al día siguiente y él estaba sentado en el suelo junto a la reina madre Ratna y le preguntó Sarkar, ¿qué debo decirle a la gente?”, contó una sobrina y sobreviviente de la masacre. “La Reina Madre respondió: Esto no es algo que deba esconderse de la gente. Puede empañar a nuestra familia, podemos vivir con eso. Pero ocultar los hechos verdaderos dañará a la nación’ (…) Si el primer ministro hubiera seguido el consejo de la reina madre, tal vez las cosas hubieran sido muy diferentes para el país”.

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