Así es la Corona de Acero, testigo de glorias y dramas de los reyes de Rumania


Incluso después de que los comunistas abolieran la Monarquía en 1947, continuó siendo venerada por los rumanos como símbolo de la libertad y la democracia perdidas.

Los historiadores coinciden en que difícil encontrar un objeto con un valor simbólico tan grande para la historia de Rumania que la Corona de Acero de los reyes. Desde el principio, la Corona, representada en el escudo nacional, se erigió como un poderoso símbolo de independencia, continuidad dinástica y un tremendo desarrollo de un país.

Junto a la corona de la reina Elisabeta, de 1881, es uno de los tesoros más preciados que se exhiben en la Sala del Tesoro del Museo Nacional de Historia en Bucarest.

La corona de acero fue creada para la proclamación del príncipe alemán Carol de Hohenzollern-Sigmaringen como primer rey de Rumania el 22 de mayo de 1881, y estuvo presente en los momentos más importantes de la historia de la monarquía: el establecimiento del Reino de Rumania en 1881 y la unificación de todas las provincias rumanas en 1918, además de las entronizaciones de todos sus reyes, desde la proclamación de Carol I hasta el funeral de Miguel I, último hombre que ocupó el trono rumano.

Por pedido de Carol I, fue construida con acero proveniente de uno de los cañones otomanos capturados por el ejército rumano en la batalla de Pleven en 1877.

El rey Carol I expresó su deseo de que esta corona se hiciera en el arsenal del Ejército, con un diseño sugerido por destacadas personalidades de la cultura y las artes, entre ellos artistas, lingüistas e historiadores. Los historiadores Bogdan Petriceicu Hasdeu, Alexandru Odobescu y Grigore Tocilescu, así como el artista Theodor Aman, formaron parte de ese encargo.

Durante la ceremonia de su proclamación, Carlos fue ungido con los santos óleos por el Metropolitano de la Iglesia Ortodoxa Rumana, pero pero se negó que colocaran la corona en su cabeza. “Con orgullo, sin embargo, recibo esta Corona, que fue hecha del metal de un cañón rociado con la sangre de nuestros héroes y que fue consagrada por la Iglesia. Lo recibo como un símbolo de la independencia y el poder de Rumanía”, proclamó.

“La corona real, respetando las normas heráldicas, está compuesta por un círculo frontal de acero, adornado con piedras oblongas, rómbicas y perlas también de acero”, explicó el historiador rumano Florin Georgescu.

“En la parte superior del círculo se colocaron ocho grandes ornamentos, tallados en forma de hoja (florones), alternando con ocho figuras más pequeñas, con perlas en la parte superior. Desde las puntas de los florones parten hacia el centro de la corona ocho hojas estrechas, arqueadas, adornadas con perlas, que se unen en un globo en el que está montada la cruz del ‘Cruce del Danubio’. Todos los elementos de la corona son de acero, incluso las perlas, solo el forro interior es de terciopelo violeta”.

El primer rey que utilizó la corona sobre su cabeza, como símbolo de la unidad nacional, fue su sucesor, Fernando I, quien después de la unificación de todas las provincias históricas rumanas en 1918 fue coronado Rey de la Gran Rumania en la ciudad Alba-Iulia, junto a su esposa británica, la popular reina María. Era el 15 de octubre de 1922.

El nieto de Fernando, Miguel I, se convirtió en rey por primera vez el 20 de julio de 1927, con solo 5 años y 9 meses, y no fue coronado. En 1930, su padre, el príncipe heredero Carol, regresó del exilio y recuperó el trono destronando a su hijo.

Diez años más tarde, el 6 de septiembre de 1940, tras la abdicación de su padre, Miguel I volvió a ser rey. Testigos presenciales informan que en la mañana de ese día, el patriarca ortodoxo Nicodemo y el primer ministro Ion Antonescu fueron al Palacio Real para que el joven rey prestara juramento sobre una cruz mientras que en una habitación contigua, Carlos II estaba haciendo sus maletas.

Después de la sencilla ceremonia, los presentes se dirigieron a la Catedral Patriarcal donde Nicodemo ofició una liturgia, y Miguel I fue ungido y coronado con la corona de acero de Rumania. Fue el último hombre que usó la corona y no existen fotos del momento. Setenta y seis años más tarde, la corona reapareció adornando el féretro de quien fuera el último rey rumano.

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