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Los hijos ilegítimos del rey Leopoldo I de Bélgica: quiénes fueron y cómo vivieron


Ennoblecidos por la dinastía Sajonia-Coburgo, Georg y Arthur von Eppinghoven mantuvieron buenas relaciones con la familia real belga.

Ya no es un secreto que algunos reyes belgas fueron infieles a sus reinas: de hecho, desde Leopoldo I (1790-1865), el primer rey de los belgas, varios de sus descendientes no solo vivieron notorias relaciones extramatrimoniales, sino que además tuvieron hijos con mujeres que no eran sus esposas.

El último ejemplo es Alberto II, quien abdicó en 2013 y este año finalmente reconoció que la artista Delphine Boel es su hija. Su ancestro, Leopoldo de Sajonia-Coburgo, mantuvo una efímera amistad con la actriz y cantante de ópera alemana Caroline Bauer (1807-1877) y una apasionada relación durante más de veinte años con su amante Arcadie Clairet (1826-1897) con quien tuvo dos hijos ilegítimos.

ARCADIE CLARET

A principios de 1844, Leopoldo I conoció a Arcadie, entonces una adolescente de apenas dieciocho años, con quien casi de inmediato inició un romance. El rey, de 54 años, le compró un lujoso edificio en el municipio de Sint-Joost-ten-Node, cerca de Bruselas, pero no pudo lograr que su relación pasara mucho tiempo desapercibida y fue ampliamente comentada en la prensa. Para poner fin a las críticas, el rey organizó un matrimonio de conveniencia entre su amante y su caballerizo Ferdinand Meyer.

En noviembre de 1849, oculta en un monasterio de Lieja, Arcadie dio a luz a Georg, el hijo de Leopoldo (quien ya tenía tres hijos con la reina María Luisa). Cuando al año siguiente, en octubre de 1850, la reina Luisa María murió repentinamente por los efectos de la tuberculosis, el rey poco no tardó mucho en instalarse junto a Arcadie en el Castillo de Stuyvenberg, que estaba a solo unos pasos del palacio real de Laeken. Fue allí Stuyvenberg donde nació el segundo hijo de ese amor, Arthur.

La gran frustración de Leopoldo

Aunque ambos niños fueron anotados en el registro civil con el apellido Meyer, Leopoldo I se aseguró de que recibieran una educación principesca en el castillo. Lo único que les faltaba era un título nobiliario belga y, pesar de la reiterada insistencia de la corte, el entonces ministro del Interior, Alphonse Vandenpeereboom, se negó a darles un título los bastardo. Leopoldo logró entonces que su sobrino Ernesto II, duque de Sajonia-Coburgo y Gotha, les otorgara los títulos de hereditarios de barones von Eppinghoven.

Arcadie también fue ennoblecida y en adelante podría llamarse baronesa von Eppinghoven por gracia del duque de Sajonia-Coburgo. Vandenpeereboom confrontó con el rey recordándole que un Real Decreto anterior estipulaba que los títulos nobiliarios extranjeros no estaban reconocidos por la ley belgay, por lo tanto, no ni los hijos ni Arcadie podrían formar parte de la nobleza belga.

Georg von Eppinghoven (1849-1904)

Georg Friedrich Ferdinand Meyer von Eppinghoven, como era su nombre estaba completo, pasó algún tiempo en la Corte Ducal de los Coburgo tras la muerte de su padre, en 1865, y posteriormente se unió al ejército prusiano como oficial. Permaneció soltero durante mucho tiempo, pero finalmente se enamoró de Anna Maria Brust, la camarera de su madre, muchos años más joven, que desaprobaba la relación. Georg, que tuvo tres hijos con Anna, esperó hasta después de la muerte de Arcadie para casarse. En 1901, la pareja se instaló en una finca en Langenfeld, Alemania, donde Georg murió a la edad de apenas cincuenta y cuatro años.

Barón Arthur von Eppinghoven (1852-1940)

Christian Friedrich Arthur Meyer von Eppinghoven logró construir una carrera exitosa. Se convirtió en Gran Mariscal de la Corte de Coburgo y ayudante del zar búlgaro Fernando I, también descendiente de la Casa de Sajonia-Coburgo y, por lo tanto, primo suyo. En 1887 se casó con Anna Harris, hija de un cónsul británico, con quien tuvo una hija en 1894, Louise-Marie, que lleva el nombre de su madrina bautismal, la princesa Luisa María de Bélgica, la hija mayor de su medio hermano, Leopoldo II.

Después de la derrota alemana en 1918, la situación cambió para la familia. Arthur perdió su puesto en la Corte de Coburgo y con el zar de los búlgaros. Sin ingresos, la familia pronto se encontró con serias dificultades financieras. A principios de los años 20, se vio forzado a regresar a Bélgica y pedir ayuda monetaria a su sobrino, el rey Alberto I. Ennoblecido y favorecidos por reyes, a partir de entonces tuvo que llevar una vida modesta con un suma anual todavía más modesta.

Arthur murió enfermo y solo en noviembre de 1940. Se le dio su lugar de descanso final en el cementerio de Laeken, en una tumba bastante simple que, irónicamente, está a solo veinte metros del imponente mausoleo que se erigió en la cripta real para su padre Leopoldo I. Después de su muerte, el príncipe regente Carlos de Bélgica (hermano de Leopoldo III) se aseguró de que su viuda y su hija continuaran recibiendo el apoyo financiero y material de la corona.

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