Francisco Fernando de Habsburgo: el malogrado archiduque nunca cayó bien


CONOCIENDO EL MUNDO

A pesar de que sus preferencias artísticas le alejaban de las élites intelectuales de la cosmopolita Viena, Francisco Fernando no era tan chauvinista y cerrado como muchos le tildaron. En 1893, como ya habían hecho otros príncipes europeos, el archiduque inició un viaje alrededor del mundo que lo llevaría a ver y conocer los lugares más insospechados.

Francisco Fernando partió el 15 de diciembre del puerto de Trieste a bordo del acorazado SMS Kaiserin Elisabeth, en el barco viajaban cerca de 400 personas entre séquito y tripulación y durante la travesía, el archiduque llenó más de 2000 páginas de su diario personal (que pueden leerse en inglés y alemán aquí).

Primero visitó Ceilán (actual Sri Lanka) y a mediados de enero desembarcó en Bombay. Luego fue invitado por el riquísimo Nizam de Hyderabad a cenar y se dice que la mesa se agrietó bajo el peso de los platos exóticos, aunque los invitados pudieron gozar de beber el mejor champan francés en medio de la jungla. En Hyderabad, el archiduque pudo disfrutar de buena caza (que fue uno de los grandes atractivos del viaje) y maravillarse con el colorido y la riqueza de una India “aún no tocada por la civilización”. Sin embargo, también reconoció que la decoración “a la europea” de los palacios era de un gusto dudoso, que los indios no tenían oído para la música occidental y que el himno austríaco fue “difícilmente reconocible” cuando lo tocó la banda local.

A finales de enero Francisco Fernando, visitó Calcuta donde pudo observar las montañas de desperdicios que cubrían sus calles y se lamentó de las explotación de los colonizadores occidentales (Austria-Hungría nunca tuvo colonias).

A mediados de febrero llegó a Delhi y visitó fascinado los restos del Fuerte Rojo, insistió en visitar una prisión y lamentó la pésima comida del Hotel Metropole. También se celebró una cacería en la afueras de la ciudad en la que los porteadores llevaron más de 87 tiendas a la jungla, algunas provistas de duchas portátiles.

A principio de marzo, estaba en Nepal con un séquito de 203 elefantes y listo para celebrar la cacería del tigre a los pies del Himalaya. Un mes más tarde llegó a Singapur, en medio de una terrible tempestad y de una importante epidemia de cólera. Asimismo también llegó la noticia que la visita a Johor tenía que ser cancelada, porque el sultán estaba tomando las aguas en Karlsbad (¡en Austria-Hungría!) y porque la estación no era adecuada para la caza.

A mediados de abril, el archiduque arribó a Batavia (actual Yakarta) donde se celebró una cacería de cocodrilos; más tarde, en Java, lamentó la explotación de los indígenas y que durante la Guerra de Java (1825-1830) más de 200.000 javaneses hubiesen muerto luchando contra los holandeses.

Francisco Fernando llegó a Australia a mediados de junio, donde volvió a lamentar el trato que se daba a los aborígenes “que eran obligados a abandonar sus tierras ancestrales”. Más tarde, en Sídney se celebró una recepción a bordo del barco que congregó a más de 500 miembros de la alta sociedad australiana.

A principio de julio, continuó su viaje por las pequeñas y vírgenes islas del Pacífico Oriental. En Numea, Nueva Caledonia, visitó la prisión que contenía cerca de los 8.000 peores criminales del Imperio Británico. En Owa Raha, el paradisíaco encanto de la isla fue roto por la presencia de “indígenas caníbales”. Francisco Fernando se horrorizó por la presencia de huesos y restos humanos que decoraban las tiendas de los poblados y además parte del séquito fue amenazado por los “salvajes”.

A mediados de julio Francisco Fernando, que sufría de fiebres tropicales y diarrea, pretendía visitar Siam, “el único reino del Sureste Asiático que ha conseguido preservar la esencia de la autocracia oriental en su más pura expresión” y sobre todo Bangkok, “la Venecia de Asia”. Pero Siam se encontraba inmersa en un conflicto con Francia y sus costas estaban bloqueadas por navíos de guerra franceses. Francisco Fernando tuvo que cambiar de ruta.

A inicios de agosto llegó al Japón, donde la magia de los samuráis hacia tiempo que había desaparecido, en su lugar se erigía una nación en pleno desarrollo industrial. En Japón, Francisco Fernando lamentó no poder dedicarse a la caza (a no ser que fuera la pesca) y se asombró de la estricta seguridad (dos años antes el zarévich Nicolás había sufrido un atentando en Otsu). De Japón se llevó un curioso recuerdo, el tatuaje de un dragón. A finales de agosto el archiduque embarcó con un pequeño séquito en un navío comercial (donde deploró la tosquedad de los camareros) hacia Vancouver.

En Canadá se maravilló con los inmensos bosques ideales para la caza, aunque trágicamente amenazados por la construcción de fábricas.

En Estados Unidos, Francisco Fernando, emblema de la aristocracia europea, descubrió el país del enriquecimiento rápido y lo que sería la cultura de masas del siglo XX: las malas maneras, la prohibición de fumar en muchos lugares y la horrorosa comida en restaurantes “rápidos”. A su llegada a Nueva York, al archiduque le impactó el “increíble tráfico” y el tamaño de los edificios de aquella metrópolis de cerca de 3 millones de habitantes (Viena tenía un poco más de un millón), según él, las cosas parecían estar hechas para Übermenschen (“gente sobrehumana”). Francisco Fernando resumió el espíritu americano como “heroico y emprendedor” aunque “usualmente emparejado con una increíble vulgaridad”.

A principios de octubre, Francisco Fernando embarcó en Nueva York rumbo a casa, llegó a Viena el día 18. Los cerca de 14.000 objetos que trajo de su aventura transoceánica pueden verse hoy en día en el Museum für Völkerkunde de Viena.

(No se pierda la continuación de esta historia la próxima semana)

(*) El autor es historiador. Estudió historia del Arte en la Universidad Autónoma de Barcelona y ahora ha terminado un máster en gestión de museos y patrimonio en la Universidad Complutense de Madrid. Realizó sus prácticas en el Palacio Real de Madrid. Actualmente es autor del Blog Noches Blancas y de Patrimonio de la Corona, dedicados a la historia y el arte en época moderna y contemporánea. Puede seguirlo en Instagram.

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