Secretos Cortesanos

María José de Italia: la reina que desafió a Mussolini y fascinó a Hitler


La llamaron la “Reina de Mayo” por haber reinado brevemente ese mes de 1946. Tras dejar los esplendores de la extinta corte de Italia y al esposo que nunca amó, el destierro marcó el resto de la vida de una de las soberanas más notables del siglo XX. La historiadora Verónica Güidoni de Hidalgo nos trae su historia.

(*) La autora es Profesora y Licenciada en Historia y especialista en Monarquías de la Edad Moderna.

La princesa María José nació el 4 de agosto de 1906 en Ostende cuando su papá era el rey Alberto I de Bélgica. Hija de la princesa bávara Isabel Gabriela, sobrina de la emperatriz austrohúngara Sissi, su vida transcurrió con normalidad hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. Siendo la única niña y la menor de tres hermanos, fue enviada a Inglaterra, a un internado para preservarla de los horrores de la Guerra ante la invasión alemana en su país. Desde allí volvía con cierta frecuencia a su hogar y colaboraba en tareas humanitarias con su madre, visitando y atendiendo enfermos en los hospitales de campaña. La guerra terminó, pero las secuelas quedaron en el ánimo de la joven princesa quién generó -pese a sus raíces familiares- una marcada germanofobia. No obstante en esa circunstancia se dio cuenta que la razón de ser de cualquier monarca debía ser el servicio a los demás.

Para ella, su rango no era un privilegio sino un compromiso. Agraciada con notoria belleza, sus padres le buscaron esposo entre las casas reales católicas de Europa que a su vez fueran aliadas políticas. La elección recayó en el joven y apuesto hijo del rey Víctor Manuel de Italia, el Príncipe Humberto de Saboya. María José cuenta que a ella le gustó el joven elegido y encontraba intereses en común, por lo que contrajeron matrimonio en Roma el 8 de enero de 1930 en una boda de cuentos, muy común en la época. Pero María José había sido educada con ciertas ideas liberales, pasión por el arte, la música y las letras. En cambio Humberto había recibido una educación eminentemente militar. El matrimonio, en consecuencia, no resultó feliz. De hecho, la princesa consideró no haber sido nunca feliz en su matrimonio.

Con motivo de la boda, la familia del novio le regaló el collar con los nudos de los Saboya, símbolo de la dinastía (así como la flor de lis es el símbolo de los franceses). El novio le regaló todo el ajuar que usaría en esos días previos a la boda, incluso, diseñó el vestido de novia. Era de terciopelo blanco y tan pesado con su cola de siete metros que a la joven princesa no le gustó. Cuentan que aunque era invierno, al vestirse las mangas de encaje le ajustaban tanto que en un brote de enojo, las arrancó. Por eso debió usar los largos guantes de la foto, que iban de la mano hasta por encima del codo. Ella prefería el traje de novia que le habían confeccionado en Bélgica.
Una vez casada, se sorprendió de dos cosas: del rígido y obsoleto protocolo de la corte y de que el verdadero jefe en Italia era Mussolini, líder del partido fascista. Ni el rey ni Humberto se animaban a hacerle frente. Sólo María José lo enfrentaba y se unía a la oposición. De hecho, intrigaba contra él. Mussolini la odiaba y la prensa la calumniaba.

Recién en 1934, nació la princesa María Pía, su hija mayor. Justo en esos días, su padre, el rey Alberto I de Bélgica sufre un accidente en la montaña (que hoy se piensa que no fue accidente sino atentado) y fallece. Esto fue devastador para la princesa, quien debió reponerse para viajar a Bélgica y ayudar a su madre a salir de una muy profunda depresión (las famosas depresiones de los Wittelsbach) por lo que pasó casi un año en su país. Luego nació su segundo hijo Víctor Manuel, después la princesa María Gabriela y por último la princesa María Beatriz.

A la muerte de su padre siguieron otras desgracias. Su hermano, el flamante rey Leopoldo y su esposa, la queridísima Astrid eran una pareja feliz y enamorada que tenían tres hijos (uno de ellos, papá del actual rey de los belgas). El matrimonio entre su hermano Leopoldo y Astrid, princesa sueca fue un sueño. Se adoraban. Un día, de vacaciones en Suiza, él conducía el coche y por distraerse a mirar un mapa que ella le mostraba, perdió el control del auto y chocaron contra un árbol. Ella murió de inmediato. Dicen que su hijita de siete años, le había predicho su muerte. El rey y toda Bélgica quedaron desconsolados. Fue muy duro también para María José.

Se cuenta una anécdota muy dulce del matrimonio real italiano: un día volvía María José de noche a casa después de un concierto y se le aparece un carabinieri (policía) quien tomándola del brazo le dice: “Alteza, estoy loco por usted“. Ella, enojada, lo empuja y es ahí cuando Humberto se saca el sombrero para que ella reconozca en ese supuesto policía a su esposo.

Tuvo un par de encuentros con Hitler para tratar de ayudar a su hermano el rey Leopoldo III y evitar la invasión. Hitler estaba sorprendido de su belleza e inteligencia y le llamó “la verdadera princesa aria” porque era muy alta, rubia, de ojos azules y muy inteligente y aunque le tomó la mano en esa ocasión con admiración, no aceptó los pedidos de María José. Ella lo encontró repugnante.

Poco después, ante la abdicación de Víctor Manuel y Elena (suegros de María José) asciende al trono su hijo Humberto II y su esposa se convirtió en la última reina de Italia. Esto duró sólo un mes, mayo de 1946, ya que un referendum estableció que los italianos no querían monarquía (hoy se piensa que el referéndum fue adulterado) y la familia real se trasladó a Estoril, en Portugal, a dónde ya vivían otras familias reales destronadas.

Pero María José no quiso quedarse allí. Con el pretexto de que el clima le sentaba mal, se dedicó a viajar por el mundo con su madre, la reina Isabel. Finalmente se instaló en Suiza, mientras sus hijos se quedaban en Portugal con el padre. Fue realmente una separación. Su hijo varón se fue poco después a vivir con ella. Humberto murió en 1983. Una de sus hijas, Beatriz, se casó con un diplomático argentino. María José nunca pudo volver a Italia y eso la apenó mucho. Falleció el 27 de enero de 2001 aparentemente de cáncer de pulmón. Sus cuatro hijos viven aún.

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