La larga lucha de Sigvar Bernadotte, el príncipe sueco que perdió su título


Nació príncipe y quería morir como tal, pero fue sepultado como un simple conde y un artista. Su vida estuvo marcada por un largo reclamo, jamás aceptado.

Anuncios

Muchos años antes de que el príncipe Harry de Gran Bretaña y Meghan Markle abandonaran la familia real por su propia voluntad, hubo un príncipe europeo que protagonizó su propia y espectacular retirada de la realeza para vivir como una persona común. Sin embargo, llegó a enemistarse con su familia en torno a la cuestión de su título: su caso es mencionado como un precedente sobre lo que podría pasar si la Corona británica retira su título al duque de Sussex.

Se trata del conde Sigvard Bernadotte, nacido como príncipe Sigvar de Suecia, el segundo hijo del rey Gustavo VI Adolfo de Suecia y su esposa inglesa, Margarita de Connaught. En el momento de su nacimiento, en 1907, su abuelo Gustavo V era el rey y a él le correspondió ocupar el tercer lugar en la línea de sucesión al trono, una gran similitud con el príncipe Harry, quien ocupó el tercer lugar en la sucesión británica al momento de nacer.

Sin embargo, Sigvard fue despojado de su título de príncipe en 1934 cuando decidió casarse con una plebeya alemana, Erika Patzek, sin el conocimiento ni el consentimiento de su abuelo, y pasó a ser conocido como un simple “Herr (señor) Bernadotte” en su pasaporte y en público. Él y su esposa se divorciaron siete años más tarde y su hermano mayor, el heredero Gustavo Adolfo, murió en un accidente de avión en 1947.

Por lo general, se debe informar al monarca sueco y luego hacen un trato con el gobierno para aprobar el partido, nada de lo cual hizo Bernadotte. Sigvar se casó sucesivamente con otras dos plebeyas durante las siguientes décadas. Sin embargo, en su vida posterior decidió que el estatus de “príncipe de Suecia” era su derecho de nacimiento y que, por lo tanto, no podía serle retirado.

En 2001, cuando tenía 94 años, el longevo Sigvard presentó una demanda judicial contra su sobrino, el rey Carlos XVI Gustavo, para reclamar que le restituyera su título real.

El artículo 5 del Acta de Sucesión de 1810 dice: “Un príncipe o una princesa de la Casa Real no puede casarse a menos que el Gobierno haya dado su consentimiento para ello a solicitud del Rey. Si un príncipe o una princesa se casaran sin ese consentimiento, ese príncipe o princesa pierde el derecho de sucesión para él, sus hijos y sus descendientes”. Curiosamente, esta ley solo habla del derecho de sucesión, no el derecho al título real, que le fue retirado por voluntad de su abuelo, Gustavo V, quien tenía la prerrogativa de hacerlo si lo deseaba.

Bernadotte dijo al periódico sueco Aftonbladet: “Nací príncipe. Quiero morir como un príncipe”. Su caso se vio reforzado por el hecho de que el monarca de Suecia también está casado con una plebeya, la alemana Silvia Sommerlath, una ex azafata, pero el rey Carlos XVI Gustavo ya había sido entronizado en el momento de su boda. El real sobrino se negó deliberadamente a devolver el título de príncipe a su tío, alegando que había perdido al contravenir las leyes dinástica por su matrimonio desigual.

En 1976, al príncipe Bertil (hermano menor de Sigvard) se le permitió conservar su título después de que se le concediera el permiso del rey para casarse con una plebeya británica, lo cual aumentó la impaciencia de Sigvard Bernadotte. En su denuncia, Bernadotte acusó a la monarquía sueca de violación de los derechos humanos al negarle el derecho a su nombre, privacidad y vida familiar, derechos garantizados por la Convención Europea de Derechos Humanos.

Su abogada dijo que se trataba de “una violación de los derechos humanos”. El profesor emérito Gunnar Bramstång, experto en monarquía, en una entrevista dijo al Aftonbladet: “Fue un error legal cometido en 1934 por el rey Gustavo V. Desde entonces, este error ha continuado contra Sigvard y, a pesar de las reiteradas solicitudes, no ha recibido una respuesta positiva para devolver su título de príncipe”.

Sigvard Bernadotte aceptó que su decisión de casarse sin el consentimiento real lo apartó de la línea de sucesión al trono sueco, pero hasta el último día de su vida se mostró decidido a recuperar su título. “El título de príncipe es lo mismo que un nombre y no se puede quitar el derecho de una persona a su nombre”, reclamó su abogada. Aún así, en 1951, a Bernadotte se le permitió entrar en la nobleza de Luxemburgo y, por gracia de la gran duquesa Carlota, se le conoció como el Conde Sigvard Bernadotte de Wisborg. Después de su muerte, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dijo que su solicitud para que el gobierno sueco reconociera su título era inadmisible.

Durante muchos años, Bernadotte se sintió ofendido y se negó a participar en las celebraciones familiares de la casa real, pero disfrutó de relaciones más cálidas con la familia en sus últimos años.

Sigvard asistió al funeral de su hermano, el príncipe Bertil, en enero de 1997 por invitación del rey, y estuvo en el 25 aniversario de bodas de la pareja real poco tiempo antes de morir. Sin embargo, Aftonbladet informó que la relación entre el rey y su tío “nunca había sido especialmente cordial y ahora era tan fría como siempre”. Murió en 2002 y en la inscripción de su tumba se lee: “SIGVARD BERNADOTTE, NACIDO PRÍNCIPE DE SUECIA”.

Prohibido estrictamente copiar completa o parcialmente los contenidos de MONARQUIAS.COM sin haber obtenido previamente permiso por escrito y sin incluir el link al texto original. Puede encontrarnos en Facebook o Instagram.