La historia del estricto internado alemán para la realeza europea, a 100 años de su fundación


De doctrina espartana, allí fueron educados el duque de Edimburgo y la reina Sofía de España.

El internado Schloss Salem, ubicado junto al Lago de Constanza en Alemania, de turbulenta historia y lugar donde fueron educados varios miembros de la realeza europea, conmemoró los 100 años de su fundación, aunque las clases están suspendidas desde el mes de marzo, al igual que los eventos conmemorativos, por la crisis por el coronavirus. La institución fue fundada en 1920 por el príncipe Maximiliano de Baden (1867-1929), su asesor Kurt Hahn y el pedagogo Karl Reinhardt. Alrededor de diez años después, con el nacionalsocialismo, llegó el primer golpe: el judío Kurt Hahn tuvo que huir al Reino Unido, donde eventualmente abriría Gordonstoun, un internado igualmente estricto donde fue educado el príncipe Carlos de Inglaterra.

En 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, Salem pasó a la órbita de la Inspección de Internados Alemanes y las escuadras militares nazis SS asumieron la dirección. En julio de 1945, la escuela fue cerrada durante unos meses. A mediados de los años 80 fueron anulados los derechos de usufructo del castillo de Salem por parte de la dinastía Baden, hasta que la casa noble y la escuela llegaron a un acuerdo de usufructo a largo plazo en 1996. En 2010 el 90 cumpleaños del internado se vio ensombrecido por acusaciones de abusos. Bernhard Bueb, que dirigió la escuela privada entre 1974 y 2005, dijo entonces: “Hubo situaciones en las que alumnos se dirigieron a mí o a otros empleados y aseguraron que fueron víctimas de abusos”.

Hoy esta institución es una escuela con constitución propia, un parlamento estudiantil y servicios comunitarios, en los que los jóvenes participan, por ejemplo, en actividades con los bomberos, informó la Deutsche Presse Agentur. “Con alumnos y docentes que provienen de más de 40 naciones y una oferta educativa políglota, valores como la multinacionalidad, el cosmopolitismo y la tolerancia forman parte de la cotidianidad de la escuela Schloss Salem”, escribió el primer ministro de Baden-Wurtemberg, Winfried Kretschmann, en un texto sobre el centenario.

La escuela cuenta con una historia tumultuosa y evidentemente es percibida de manera diversa por la sociedad. Por un lado, es considerada una entidad conocida internacionalmente, forja de elite, de la cual egresaron numerosos famosos. Entre ellos, por ejemplo, el príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II de Inglaterra, y la reina Sofía de España, ambos descendientes de la realeza alemana y emparentados con Maximiliano de Baden. Los reyes Pablo y Federica de Grecia definieron el método de Hahn como “el mejor sistema de educación para una democracia responsable”. Pero también persisten algunos prejuicios: “Se decía que el internado era una escuela de la elite autoproclamada y que ahí se ocupaban de los hijos venidos a menos”, apunta Westermeyer. Y subraya: “Son prejuicios que una vez formulados quedaron y lamentablemente nunca se revisaron”.

Uno de sus primeros alumnos de Gordonstoun fue el príncipe Felipe de Grecia, quien se había mudado al Reino Unido desde Alemania. Allí, los alumnos se levantaban a las 06:30 para darse una ducha fría y correr en el bosque cuando aún no amanecía. “Después de una infancia muy difícil, Gordonstoun le dio al Príncipe Felipe una sensación de estabilidad muy necesaria, dice Philip Eade, autor de El joven príncipe Felipe. “La espartana filosofía educativa de Hahn impresionó al joven príncipe que ha permanecido con él durante toda su vida y sin duda lo ha ayudado en todo tipo de formas como el consorte más antiguo de la historia británica”.

“Se suponía que debías sufrir porque eso era bueno para el alma”, confesó el consorte de la reina de Inglaterra en 2013. Su sobrina, la futura reina Sofía de España, fue admitida en Salem a la edad de 13 años: “Fue muy útil ir a ese colegio. Daban mucha responsabilidad a los alumnos para que hicieran las cosas bien. Y luego, si no las hacías… ¡peor para ti!”, relató muchas décadas más tarde. “Todo debía hacérmelo yo, desde la cama hasta limpiarme los zapatos. Y cada semana nos tocaba una tarea colectiva, pelar patatas o servir la mesa”, recordó la Reina en alguna entrevista. Cada noche los alumnos hacían examen de conciencia, y eran ellos los que decidían sus propios castigos.